Carlos Alberto Montaner: “Cuando Ud. lea este texto yo ya estaré muerto”

El cubano Carlos Alberto Montaner se exilió en Estados Unidos y fue un ácido crítico del régimen castrista

El escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner falleció la semana pasada en Madrid, hacia donde se había trasladado para cumplir con su más profundo deseo: el de una muerte libre y digna. Fiel a su estilo, fue la manera que este notable intelectual de 80 años de edad, que se había exiliado por razones políticas de Cuba hace más de 60 años, encontró para librarse de una rara enfermedad, una parálisis supranuclear progresiva, que le habían diagnosticado hace un año.

Su último artículo «Cuando usted lea este artículo yo estaré muerto» fue publicado hoy en el sitio 14ymedio y replicado rápidamente en Twitter por su hija Gina Montaner, y volvió a encender un debate público sobre la eutanasia, un tema de difícil abordaje.

Sólo ocho países del mundo -entre ellos España- redactaron leyes que avalan la eutanasia, que a diferencia de la muerte digna, no se trata sólo de dejar de dar asistencia, sino de “ayudar a morir”.

En su conmovedor artículo, Montaner recuerda: «‘Don Carlos, ¿regresa a vivir a España?’, me preguntó un vecino extrañado de la avenida Brickell, donde vivía en Miami. ‘No. Me voy a morir a España’, le respondí amablemente, con una sonrisa, y seguí mi camino. Al fin y al cabo, viví 40 años en Madrid, mi intención era residir nuevamente en mi apartamento frente al parque de El Retiro, tengo la nacionalidad española y creo firmemente en la eutanasia y en la muerte asistida, como, afortunadamente, piensa más del 70% de los españoles».

«El propósito de este artículo es estimular el debate sobre la eutanasia: mi posición es apoyarla siempre que sea una elección voluntaria. De la misma manera que se donan los órganos en vida, creo que bastaría consignarlo por escrito o designar a una persona para que tome las decisiones en caso de que sea materialmente imposible asumir esa responsabilidad», escribió.

En mayo pasado, publicó su última columna en diversos medios latinoamericanos. Allí anunció que padecía de “una enfermedad rara del cerebro”. “Me la diagnosticaron en el hospital Gregorio Marañón -uno de los mejores de España- tras una resonancia magnética. Tres personas por cada 100.000 la padecen. No es contagiosa, ni heredada. No hay cura para ella. No se sabe cómo comienza ni por qué se origina. Es de la familia del parkinsonismo, pero sin temblores. De ahí la confusión en el diagnóstico. Se caracteriza por impedirme conversar bien y leer, más allá de los titulares (Linda, mi mujer, y nuestra hija, Gina, me leen los diarios), no así escribir todo lo bien que me ha permitido llevar más de medio siglo escribiendo -entre otras cosas- una columna ‘sindicada’ a la semana. He escrito miles de columnas y debo a mis artículos todo lo que he hecho posteriormente”, expresó.

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