El poder no es impunidad

Javier Medrano - Periodista

Texto de: Javier Medrano – Periodista

La gran escritora argentina Silvina Ocampo – en la década de los sesentas – escribió un breve relato (El vestido de terciopelo) que narra las peripecias de una modista que viaja desde un barrio modesto hasta uno de la clase adinerada, para probarle un vestido a una señora de la llamada alta sociedad. Para tal cometido, la modista es acompañada por una niña como testigo de su periplo. El vestido, hábilmente confeccionado de una tela de terciopelo, o bien porque la clienta había perdido la línea, o porque el clima estaba caluroso, o por un ensamble de los tres factores, la prueba final resulta muy dificultosa: el vestido no hace encaje. La modista, nerviosa recurre a todas las mañas desde poner talco para que se deslice, hasta otros poco ortodoxos, hasta que finalmente lo consigue.

Pero una vez que lo tiene puesto, la señora siente un fuerte sofocamiento y un ahogo. El vestido tiene la caída perfecta, casi no tiene arrugas y luce un espléndido dragón bordado con lentejuelas. Es fantástico pero a la vez insoportable. Cuando la clienta se lo quiere sacar, forcejea, busca alternativas, pero se resigna y piensa que tendrá que dormir con el vestido puesto. La señora, exhausta suspira, y con el poco aire que le queda y antes de caer muerta, reclama: “Es una cárcel. ¿Cómo voy a salir?”.

Haciendo una analogía, Arce Catacora tiene calzado un vestido de terciopelo azul y blanco, que el evismo le encajó y que ahora lo tiene preso, sin movilidad alguna y casi sin oxígeno.

Se trata de un vestido que, además, apresa una interpretación hueca y falsa que esgrime una ciega lucha permanente contra una derecha imperialista. Es un vestido encorsetado plagado de resentimientos y odios intestinos contra la “señora de bien” que sería todo el aparato empresarial privado a quienes se debe ajustar hasta asfixiarlos por completo.

Arce se calzó el vestido de terciopelo – voluntariamente – pero luego vio que no le quedaba y cuando quiso sacárselo, se dio cuenta que ya era tarde. Su cárcel ya estaba cerrada. El vestido era un caballo de Troya manejado por Evo Morales. Se dio cuenta que no solo “usaba”, sino que, principalmente, “era usado y apretado” por la línea dura del evismo: En un momento fueron mascotas recíprocas que no sólo se muerden entre sí, sino que además, construyen una proyecto político que es un pescado podrido. El vestido no sólo es apretado en exceso sino que además está sucio y desprende un olor fétido.

Dónde está el error de sastre del masismo: creer que gobernarán para siempre. Violando la constitución para implanta una reelección indefinida o alternarse el poder en una larga secuencia recíproca. Todo les estalló en la cara cuando se dieron cuenta que no tomaron en cuenta un factor crítico a tiempo de coser un vestido: la prolijidad.

Es probable que cuando se ensambló ese monstruo masista – y ahora bifronte -, recordemos la frase popular de que el poder no es impunidad. Por ello, para los evistas recuperar el poder era y es prioridad y, luego, ya se acomodarían los pliegues y la talla a Arce. Pero una vez puesta la prenda, todos se autoapresaron entre sus puntadas y se dieron cuenta que el diseño tenía fisuras muy grandes. Todo desencajaba. Todo era desaliñado.

Para los masistas no hay división de poderes porque los poderes son fácticos, no institucionales. Para ellos las formalidades constitucionales son pruritos burgueses. Solo bajo esta lógica puede entenderse que en Bolivia el voto para los populistas disuelve la distancia entre la ley y el deseo brutal del gobernante. El que gana pasa a encarnar toda la democracia, con lo cual la saquea, persigue, apresa, reprime, inventa y denosta.

El país, es ahora, una trampa gigantesca para los demócratas, para los hombres de ley, para quienes nacimos en una república y no en un frankeinstein que agoniza y despide un olor putrefacto. Ahora los bolivianos de ley debemos elegir entre Bolivia o el vestido encorsetado y bestial del masismo. Es tiempo de romper ataduras.

Texto de: Javier Medrano – Periodista

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Programa radial que se emite de lunes a viernes de 17:00 a 19:00 a través de Marítima 100.9

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