La decisión más importante del Cabildo

Delmar Méndez - Periodista

Aún no ha sido apreciada en su real magnitud la decisión más importante del Cabildo. Plantea una visión de trascendencia comparable a la que tuvo el Memorándum de 1904. Primera vez, en la historia reciente, que Santa Cruz le dice al Estado boliviano que se le puede desmarcar. Un abierto desafío a la caducidad de un excluyente modelo centralista.

Se está acogiendo a pactos internacionales en vigencia que reconocen el derecho a la libre determinación de los pueblos para manifestar que, si en los hechos y en la práctica política, el Estado boliviano no acepta ni reconoce a Santa Cruz como parte de la bolivianidad, le asiste el legítimo «derecho a replantear su relación con él y a considerar opciones alternativas y viables constitucionalmente» para decidir su destino.

Y aún más. Santa Cruz ha tenido la osadía de emplazar a los restantes departamentos de Bolivia a que, si no se unen a una causa fundamental por la transparencia de los procesos electorales futuros y la equitativa distribución de recursos, (resumiendo, censo) en 72 horas habrá tomado conciencia de que esta lucha debe encaminarse sola y que, por tanto, se habrá recibido un mandato tácito para encaminar y decidir su porvenir por cuenta propia.

Ningún líder en este siglo había mostrado semejante convicción y valentía para plantear algo así. La idea nace del cansancio y la impotencia de un pueblo al sentirse continuamente relegado, despreciado, ultrajado y hasta odiado por el centralismo. Estos pensamientos y sentimientos de autodeterminación, con sus propios matices y formas, vienen gestándose en la cabeza de la gente. El impresionante marco humano que se congregó en el Cabildo más multitudinario de la historia local, algo quiere decir; expresa una motivación, convertida en necesidad, de tomar las riendas de su destino.

Ahora Santa Cruz ha tomado la iniciativa política e impone una agenda sólida para el debate a corto y largo plazo. Existe una causa con visión y una visión con causa.

El tiempo dirá si la madurez de los líderes, de las élites locales y de las autoridades que ejercen el poder formal, está a la altura de las circunstancias y de la naturaleza de la propuesta para hacerla sostenible.

El camino queda expedito para construir sobre él y ensayar en el debate y en la formulación de un nuevo diseño autonómico que establezca, por ejemplo, el ejercicio de un mayor catálogo competencial en el nivel departamental, recogiendo el espíritu del estatuto autonómico aprobado mediante referéndum el 4 de mayo de 2008.

La autonomía diferenciada, no unificada, es otra vía para no tener supeditar la iniciativa local a la voluntad, capacidad y vocación autonómica de otras regiones. El federalismo, no va en esa dirección. Proponerlo es intelectualmente deshonesto porque su viabilidad depende que todo el país asuma un modelo que no es igualmente interesante ni convincente para el resto.

¿Y por qué no?, el planteamiento, así de genérico, también invita a soñar, y los proyectos ambiciosos comienzan con un sueño. Si en 1810 no se hubiera soñado con la independencia, los habitantes de este país no estarían celebrado la creación de Bolivia ni las efemérides departamentales.

Seguir gritando censo 2023 ya es irrelevante. Lo importante es que sus resultados tengan efectos económicos y electorales antes de las elecciones de 2025. Ese es el espíritu del anterior Cabildo y concordante con el sacrificio de la gente durante el paro más extenso de la historia regional.

Pero, más importante aún es abandonar la superficialidad del análisis, curarse de la miopía localizada en debates insulsos, y mirar el horizonte, donde hoy se empieza a dibujar el futuro a las nuevas generaciones.

Texto de Delmar Méndez – Periodista

Asuntos Centrales

Programa radial que se emite de lunes a viernes de 17:00 a 19:00 a través de Marítima 100.9

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