Santa Cruz y la política en grande

Manuel Suárez
Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid

Hasta 2019, Santa Cruz nunca hizo política en grande. Nunca entró a fondo en las cuestiones del poder. En esas cuestiones donde entran los que tienen poder de verdad: poder soberano.
La política en grande es esa con la fuerza y el verbo suficiente para definir tu propio destino y existencia colectiva. Sin la política en grande no hay pueblo con destino propio; sólo hay pueblos sometidos. En fin, lo cierto es que Santa Cruz nunca entró a esas profundidades. Prácticamente, se ha construido como una sociedad sin política. Justo como se construyen las sociedades que no deciden su destino.
Mi hipótesis es que todo eso está por acabarse. 2019 mostró que hay un cambio irreversible. Santa Cruz ha desarrollado la capacidad histórica para entrar a la política en grande, a la que define las cuestiones soberanas, a esa que sólo acepta luchar por el poder de verdad. A esa política para la que no basta el 11%. Ni las losetas. Ni la carretera. Ni los créditos. Ni los permisos de exportación. Ni los títulos de tierras. Ni las fotos junto al presidente de turno. A esa gran política a la que no le basta, ni siquiera, la autonomía. A esa política en grande, en mi criterio, hoy puede entrar Santa Cruz por peso propio.
Nada de “motor de la economía”. Eso era antes. Ahora tiene la oportunidad y la tentación de ser el motor de la gran política nacional. El motor de la lucha donde se deciden las cuestiones de fondo para el país.
Lo explico. 2019 marca un antes y un después. Se produce la rebelión de las clases medias propietarias en Santa Cruz. Esas clases medias -no las elites- se rebelan contra el régimen del MAS. Nada menos. Con esa rebelión, no estaban pidiendo cosas para el municipio, para el departamento o para el modelo productivo cruceño. Estaban exigiendo democracia y ley para Bolivia. Un pedido burgués por definición. Estaba exigiendo el fin de un régimen que le parecía ilegítimo y premoderno. Regístrese noviembre de 2019, como el primer intento de la sociedad cruceña, por incidir con fuerza en la gran política y así, por definir el destino de Santa Cruz y de Bolivia.

Uno puede estar de acuerdo o no con esa rebelión y con sus consecuencias. Pero más allá de eso, los datos de fondo son dos. Uno: por vez primera Bolivia presencia una rebelión masiva a cargo de clases medias propietarias. Y dos: esa rebelión pone a Santa Cruz en el mundo de la gran política. Y es que la clase media propietaria -aquí y en la luna- tiende a generar la racionalidad moderna. O lo que es igual, la condición aburguesada. Y eso significa el desarrollo de la acción, del pensamiento y de los valores aburguesados. De esa condición nace la Santa Cruz que, a partir de 2019, se atreve con la gran política.
Después de la Revolución del ‘52 (que modernizó la política boliviana, incluida la cruceña) y antes de 2019 (que metió a Santa Cruz en la gran política), hubo tres tipos de cruceñismo que se fueron entrelazando. Los tres siguen vigentes y son antecedentes de 2019. Pero al mismo tiempo, estuvieron y están lejos de entrar a la política en grande.
Veamos. El primer cruceñismo moderno fue el cruceñismo cívico. Todo un movimiento histórico que, en los 50, se organiza de modo inteligente y meticuloso en torno al Comité para exigir -con gran épica y éxito- recursos, atención y obras públicas al gobierno desarrollista de la Revolución. Luego vino el cruceñismo económico, el de los empresarios. Un cruceñismo que desarrolla la narrativa del modelo productivo cruceño, la que es fuerte y creíble dado el contundente éxito empresarial de Santa Cruz. Y finalmente, vino el cruceñismo identitario o cultural, que es la tendencia a reivindicar el modo de ser, la cultura y la identidad camba. Así, tenemos la trilogía cruceñista que hegemoniza la vida pública en Santa Cruz desde los 50 hasta el presente: lo cívico que aporta épica y organización, lo empresarial que aporta ilusión colectiva ante el modelo productivo cruceño y lo identitario, que articula la identidad cruceña y cruceñista.
Estos tres cruceñismos dan rumbo a la política local. Y hoy sus resultados son considerados moralmente buenos por la mayoría de los cruceños. Sin embargo, ninguno opera en el campo de la gran política. Ninguno disputa el poder en grande. Y es que los tres tienen una doble vocación que se los impide: son militantemente localistas y son militantemente “anti/políticos”.
De hecho, una estrategia consagrada del civismo fue y sigue siendo el declararse orgullosamente “a/político”. Es la frase: “no soy político soy cívico”. Igual que una de las señas características del cruceñismo empresarial se contiene en la frase: “lo único que pedimos es que nos dejen trabajar”. Es decir, déjennos hacer economía y que otros se ocupen de la política. Son renuncias explícitas a la política. Renuncias que el sistema político boliviano tomó como rendiciones históricas.
La lucha por la autonomía de 2006 a 2008 anunció que venía un cambio. Ya se atisbaba una clase media propietaria cruceña, que comenzaba pensar lo público más allá del localismo y de la anti/política. El hecho político más relevante de esa lucha es el referendo (autoconvocado) sobre los estatutos autonómicos: todo un pueblo votando por un destino alternativo y común.
De 2006 a 2019 la clase media propietaria en Santa Cruz no sólo crece, sino que toma conciencia política de sí misma. Madura. Y en mi impresión, se convierte en un colectivo listo para la política en grande. Listo, como estaban los mineros y campesinos en el 52. Y listo, como estaban los movimientos indígenas a principios el milenio. Por eso, veo inviable la política boliviana para el futuro, sin la participación activa de la clase media propietaria que ha desarrollado y que pone a Santa Cruz en el tablero nacional. Tanto, como veo inviable la política boliviana sin indígenas.
En definitiva, el dato es el siguiente: ambas fuerzas del milenio –la tradición indígena que Evo puso en el tablero y las clases medias propietarias de Santa Cruz- están llamadas a entenderse. Y lo deseable es que el escenario de ese entendimiento se produzca en esta senda: el mutuo reconocimiento, el diálogo, la democracia y la ley. O sea, se produzca en la política, en la gran política.

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Programa radial que se emite de lunes a viernes de 17:00 a 19:00 a través de Marítima 100.9

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