Susceptibles y vulnerables

Marcelo Ríos Aliaga
Médico salubrista

La pandemia impidió concretar muchas de las actividades diarias del sistema de salud e impidió que las vacunas sigan protegiendo a los niños que necesitaban sus dosis de refuerzo.

Ya pasaron 1.000 días desde que los cruceños tuvimos que someternos a lo que se dijo iba a ser incontenible. Fuimos prácticamente dominados por un microorganismo muy simple que infectó las células de millones de personas en el mundo entero y causó una nueva enfermedad.

Hasta ahora apenas una veintena de virus han cambiado la historia de la humanidad. Por lo tanto, la relación que existe con ellos no debe ser nunca tomada de forma superficial, el estar atento al comportamiento de los virus que son endémicos en nuestro medio y que dependen de nuestro comportamiento, me refiero al colectivo social, a las masas, lo que nos hace vulnerables a nuevas epidemias y no sólo a la condición biológica en su individualidad, la que nos hace susceptibles a que una vez contagiados, la probabilidad de complicarse o, incluso fallecer, sea mayor.

Los dias previos al primer caso de COVID-19, sufríamos un brote epidémico de dengue, que saturaba las unidades de terapia intensiva conteniendo su forma hemorrágica por la abundante población de mosquitos Aedes Aegypti. También teníamos un brote epidémico de influenza y aumento de casos importados de malaria, que ya tenían en vilo a la vigilancia epidemiológica. Como vemos, las dos primeras enfermedades tienen a un virus como responsable, se sumó a ellos el virus SARS-CoV-2, cuya enfermedad se denominó COVID-19.

Las medidas adoptadas para restringir el contacto entre las personas, cambiando el comportamiento social no evitó un daño colateral: perder el escudo epidemiológico para otras enfermedades que habíamos logrado controlar y casi eliminar.

Un “escudo epidemiológico” consiste en una serie de medidas para impedir el brote de una enfermedad emergente o reemergente en un territorio, esta condición se logró gracias al manejo de las 14 vacunas que tenemos a disposición en forma gratuita.

Durante la pandemia no se pudieron concretar muchas de las actividades diarias que permitían al sistema de salud, por inercia, proteger a la población: el acceso oportuno a las vacunas. La población no podía llegar a los centros de salud y el personal de salud no podía llegar a la población.

Consideremos que en nuestro medio circulan muchos virus, sus formas de infectarnos nos hacen vulnerables permanentemente. Infectamos pero no desarrollamos la enfermedad, ya que nuestro organismo protegido por una vacuna específica, reconoce al microorganismo al circular en sangre e inicia un despliegue de células especiales y sustancias que organizan un proceso inflamatorio ordenado, conteniendo la amenaza, una incursión propia de un grupo élite de asalto que deja pocos rastros; en otras palabras, sin causar síntomas ni signos. Esta circunstancialidad de “estás infectado, pero no desarrollas la enfermedad”, es uno de los mejores regalos que nos da la vacunación.

Si los virus circulan permanentemente, implica que siguen ahí afuera y nos necesitan para sobrevivir, para replicarse en nuestras células y luego volver a salir de nuestros organismos y dirigirse a otros, siendo prácticamente nuestros simbiontes.

En Santa Cruz ya son residentes los paramixovirus que causan el sarampión, los poliovirus que causan la poliomielitis, virus ADN que causan Hepatitis B, rubivirus que causan Rubeola, otros tipos de paramixovirus que causan Paperas, rotavirus que causan diarreas en menores de 5 años, orthomyxoviridae que causan Influenza AH1N1.

Esta pandilla de peligrosos virus, tienen virulencia y tasas de letalidad altas, luego existen unas cuantas decenas más de menor calaña.

Pero también hay bacterias peligrosas que circulan como la Bordetella Pertussis que causa la tosferina o coqueluche, bacilos de Calmette y Guerin que causan una forma de tuberculosis grave en niños, Corynebacterium diphtheriae que causa difteria, Clostridium Tetani que causa tétanos, la Haemophilus Influenzae tipo B que causa una neumonía grave en niños. Todos estos “chicos malos” tienen “arresto domiciliario” gracias a las vacunas.

La pandemia impidió que las vacunas sigan protegiendo a los niños que necesitaban sus dosis de refuerzo y, peor aún, miles no recibieron sus primeras dosis: los niños que nacieron entre los años 2020 y 2022. Estos son los más vulnerables y son, en su mayoría, ahora los que presentan coqueluche y presentarán sarampión y otras enfermedades que después de estar casi eliminadas y erradicadas encuentran ahora huéspedes (niños) con organismos puros y sin filtros de inmunidad adquirida, dándoles cancha libre.

Asuntos Centrales

Programa radial que se emite de lunes a viernes de 17:00 a 19:00 a través de Marítima 100.9

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