Comienzan en España siete semanas de vértigo hasta las elecciones del 29 de noviembre. Puede cambiar el Gobierno, pero algo más: podría concluir la etapa de Pedro Sánchez en el poder. Ocho años, empatado con Aznar, y unos meses más que Zapatero y que Rajoy. Solo Felipe González gobernó más tiempo en democracia, casi catorce.
Camino de las urnas, la actualidad es lo más parecido a una conducción temeraria: acelerones y frenazos. Se aplazan constantemente actos de la sociedad civil relacionados con la crisis del mundo rural, o con la longevidad, o congresos médicos y técnicos varios; especialmente aquellos que debían inaugurar o clausurar autoridades institucionales. En campaña oficial -las últimas dos semanas- sería imposible por ley, pero incluso en las anteriores, muy difícil de justificar.
Junto al ruido de los frenazos, el chirriar de neumáticos de los acelerones: los sindicatos convocando una huelga general para el 11 de noviembre (“Es una huelga general contra la oposición”, se ha dicho). La vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ya de salida, tratando de que se apruebe de urgencia una subida del salario mínimo. Y el propio Gobierno intentando convalidar en la Diputacion Permanente del Congreso un decreto ley sobre vivienda bastante similar al rechazado en la última votación. La ventaja para ello es que en esa Diputación no está Junts, el partido de Puigdemont, que se sumó al voto negativo de Partido Popular y Vox, por lo que ahora podría aprobarse. Polémica por el subterfugio elegido para driblar la mayoría imprescindible del Congreso. Hay un sector que lo rechaza claramente.
Subiendo el tono de la trascendencia de estas elecciones -sin duda muy importantes para España y Europa- el expresidente Aznar, en una comparecencia en la Fundación Cajasol, en Sevilla, las ha cargado de catastrofismo. A su juicio, si Pedro Sánchez logra de nuevo formar Gobierno, peligra la Monarquía y asomaría en el horizonte la Tercera República. Difícil de superar semejante astracanada. (Según la Real Academia de la Lengua, “astracanada es una obra de teatro con exageración para provocar la risa”). No, no es esa la percepción popular; ni siquiera la de los comentaristas afines que han dejado diluir la afirmación aznariana para no cargar de dramatismo estos comicios que sin duda son muy importantes, pero según Aznar, son “los más importantes de la democracia”; por tanto, del último medio siglo de la historia.
Europa y América miran con especial atención esas elecciones españolas pero también observan los vertiginosos acontecimientos en las semanas previas. De entrada, la visita de los Reyes de España a las ciudades autónomas del norte de África, Ceuta y Melilla. El rey Juan Carlos las visitó, pero ahora se hace en la situación de mayor tensión que se recuerda. Nadie puede discutir la valentía de Felipe VI y de doña Letizia. Acudieron a los pueblos siniestrados por la Dana en Valencia, asumiendo incluso riesgos físicos por la acción de los alborotadores mezclados entre los damnificados, lógicamente indignados; y viajan ahora a Ceuta y Melilla sin que se haya normalizado del todo la situación.
En las siete semanas que faltan para la cita electoral, de resultados previstos según sentencian las encuestas, el Partido Socialista tratará de revertir, o al menos mitigar, el triunfo anunciado de las derechas. Uno de los recursos podría ser una coalición progresista para el Senado a fin de evitar allí la mayoría del PP, Vox y otras ayudas tipo Junts. Son semanas de vértigo e incertidumbre.


