Miles de mineros participaron este sábado del tradicional descenso del Cristo crucificado Tata Q’ajcha desde el histórico Cerro Rico de Potosí, una de las actividades centrales del Carnaval Minero. Esta manifestación cultural, declarada Patrimonio Cultural de Bolivia, busca además ser reconocida por la Unesco como patrimonio de la humanidad.
El descenso del Tata Q’ajcha es una procesión folclórica que parte del Sumaj Orko —nombre quechua del gran cerro— y concluye en la ciudad de Potosí. Durante el recorrido, la imagen religiosa se integra con la advocación de la Virgen de la Candelaria, en una expresión que combina fe, identidad y trabajo minero.
La celebración mezcla la religiosidad católica con tradiciones ancestrales vinculadas a la minería y la convivencia simbólica con las deidades que, según la creencia popular, habitan en el interior de la mina. La procesión es protagonizada por decenas de cooperativas mineras del departamento.
Según informó el principal dirigente de la Federación Departamental de Cooperativas Mineras (Fedecomin) de Potosí, Óscar Chavarría, en esta edición participaron alrededor de 60 cooperativas mineras, que acompañaron el descenso con música, danza y rituales tradicionales.
Durante el recorrido, los mineros ingresan bailando y portando sus cascos adornados con mixtura y serpentina, mientras cantan, aplauden y recrean gestos propios de su labor diaria, como el uso del combo y el cincel para trabajar la roca. La efusividad de la celebración también se refleja en los cargadores de las andas, que avanzan bailando al ritmo de la música.
La jornada continúa con un desfile de fraternidades que interpretan danzas tradicionales de la región, como el pujllay y el t’inku, además de otras expresiones ampliamente conocidas en el país, como la diablada, la morenada y los caporales.
El Carnaval Minero integra elementos de las culturas precolombinas, el catolicismo incorporado durante la colonia y prácticas históricas como la mita, sistema de trabajo obligatorio aplicado principalmente en el Cerro Rico, considerado el mayor yacimiento de plata del mundo en el siglo XVI. A ello se suman rituales vinculados al ciclo agrícola y al trabajo minero contemporáneo.
De acuerdo con historiadores locales, el Carnaval Minero se extiende por cerca de un mes e incluye distintas etapas rituales, como el domingo de vitichi, la bajada del Tata Q’ajcha, la T’ikachada y la ch’alla, que culmina el lunes de carnaval con una ceremonia de agradecimiento a la Pachamama en los espacios de trabajo minero.
El Carnaval Minero fue declarado Patrimonio Cultural de Bolivia en 2013.
