La detención de Sebastián Marset marca un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado en Bolivia, no solo por la magnitud del operativo, sino por las tensiones institucionales que ha dejado al descubierto. El criminólogo Cristian Sánchez destacó que la captura fue ejecutada de manera “prolija y limpia”, sin daños colaterales, lo que refleja un cambio en la forma de operar del Estado.
Sin embargo, el experto advirtió una evidente “crisis de confianza” entre el Ministerio Público y el Ejecutivo. Según explicó, no existió coordinación en etapas clave como la planificación, ejecución ni el traslado del detenido, lo que revela una desconexión institucional que podría afectar el avance de las investigaciones.
Sánchez también vinculó esta situación con antecedentes de filtración de información en el operativo fallido de 2023, que habría facilitado la fuga de Marset. En ese contexto, señaló que el actual escenario muestra un cambio de enfoque en la lucha contra el narcotráfico, con mayores niveles de control y menor tolerancia a la corrupción.
En paralelo, alertó sobre posibles consecuencias tras la captura del líder criminal. Indicó que es previsible una “espiral de violencia” dentro de la organización, tanto por disputas internas de poder como por eventuales represalias contra autoridades y fuerzas del orden.
El criminólogo subrayó la necesidad de reforzar la seguridad de policías, autoridades y actores clave del Estado, considerando que este tipo de organizaciones suele reaccionar con acciones violentas tras la caída de sus principales líderes.

