“Empecé haciendo serenatas”: Marcelo Peredo, el compositor que convirtió las historias en canciones
Antes de que las canciones se convirtieran en una parte esencial de su vida, Marcelo Peredo era apenas un adolescente que encontraba en la música una forma de contar lo que veía y sentía. Tenía 15...
Antes de que las canciones se convirtieran en una parte esencial de su vida, Marcelo Peredo era apenas un adolescente que encontraba en la música una forma de contar lo que veía y sentía. Tenía 15 años cuando escribió “Amiga”, su primera canción con guitarra, inspirada en la historia de un compañero de colegio que se había enamorado de su mejor amiga.
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Desde entonces, la composición se convirtió en una manera de transformar historias en melodías. Algunas pertenecen a personas que conoció, otras nacieron de su imaginación y varias, especialmente las más tristes, están vinculadas con sus propias experiencias.
La música como creación
Para Peredo, hablar de creación inevitablemente conduce a Dios. La palabra también le recuerda aquello que considera una de las expresiones más extraordinarias de la vida.
“Yo soy una persona que vive creando porque soy compositor”, explica. Y, desde su mirada personal, agrega: “ustedes las mujeres son la perfecta creación de Dios”.
La guitarra que conserva hoy tiene un valor especial, él la llama “La Adulada”. Fue la primera que tuvo y con ella aprendió a unir dos elementos que terminarían marcando su trayectoria: las notas y la poesía.
El instrumento estuvo deteriorado durante un tiempo y recientemente volvió a sus manos después de ser reparado. Aunque ahora lleva cuerdas de nylon y espera volver a colocarle las de metal, continúa siendo la guitarra con la que escribió buena parte de sus canciones.
Y si existe un hilo que atraviesa gran parte de su repertorio, ese es el amor.
“El amor es lo que me ha inspirado a escribir canciones”, sostiene.

El oído que aprendió en el colegio
Su manera de cantar también tiene una historia detrás. Peredo atribuye buena parte de su formación al coro escolar, donde aprendió a reconocer y combinar distintas voces.
“Eso me ayudó muchísimo”, afirma al recordar aquella etapa en la que comenzó a familiarizarse con la primera, segunda y tercera voz.
En ese proceso reconoce especialmente la influencia de sus profesores Huber Cuéllar, durante la primaria, y Gilberto Cuéllar, en secundaria, a quienes recuerda como grandes directores de coro.
A la formación se sumó algo que con el tiempo se volvió parte de su rutina: escuchar música. En su casa tenía discos de distintos artistas y entre sus referentes estaba Marc Anthony. Esa exposición constante, explica, también ayudó a desarrollar su oído.
Sin embargo, cuando habla de su voz, Peredo no atribuye el mérito únicamente a la preparación.
“El color de voz es un regalo de Dios, el poder cantar, el poder afinar es un regalo del Señor”, afirma. Por eso, cuando reconoce aquello que ha logrado construir en la música, asegura que la gratitud ocupa un lugar central.
Serenatas para contar historias de otros
Si las canciones le permitieron poner música a las emociones, las serenatas lo llevaron directamente a los momentos más íntimos de otras personas.
Una de las experiencias que más recuerda ocurrió cuando un amigo que vive en Estados Unidos le pidió que cantara para su hija durante un reencuentro familiar.
“Para mí el amor entre un padre y un hijo o una hija es algo fuerte, de mucho valor”, dice.
Pero no todas las serenatas tuvieron el mismo desenlace. En otra ocasión acudió a una plaza para cantar para una joven que ni siquiera conocía a quien había enviado la dedicatoria.
También recuerda una serenata organizada desde Beni. Una mujer lo contactó para que cantara para su novio, conocido de Peredo, mientras él permanecía en el balcón. La escena terminó siendo tan emotiva como curiosa: Marcelo cantaba desde abajo mientras el homenajeado lloraba desde lo alto y hablaba por teléfono con su pareja.
Con el paso del tiempo, las serenatas lo llevaron a acompañar cumpleaños, encuentros familiares e incluso momentos tan difíciles como velorios y divorcios.
“Las serenatas han sido un pilar fundamental para que yo pueda seguir este camino en la música. Empecé haciendo serenatas y moriré haciendo serenatas”, afirma.
Una pausa que también abrió nuevas canciones
En medio de ese recorrido apareció otro compositor, Luis Vega. Marcelo habla de él con admiración y lo define como “un excelente compositor, un tremendo artista”.
Ambos comenzaron a trabajar juntos después de que Vega atravesara una etapa de bloqueo creativo. El encuentro terminó abriendo una nueva etapa de colaboración musical.
Para Peredo, los tiempos también tuvieron un significado especial. “Los tiempos de Dios son perfectos y él la hace como quiere”, expresa al recordar cómo se concretó el contacto.
Ya existe una canción en la que trabajaron y la intención es continuar componiendo. Sin embargo, Marcelo reconoce que necesita recuperar fuerzas y valora que Vega haya entendido ese momento sin ejercer presión.
“Él está esperando muy pacientemente que yo me recupere. Y le agradezco mucho. No hay presión alguna”, cuenta.
La pausa no significó, sin embargo, el silencio de la creatividad. Una madrugada, cerca de las tres, después de varios meses sin escribir, volvió a tomar la guitarra y creó una canción.
Todavía no tiene nombre. Pero sí tiene destinataria: su hermana Ceci.
Una canción para la mujer que le dará una nueva oportunidad
La historia de esa canción está ligada al momento más difícil que atraviesa actualmente.
Los riñones de Marcelo se encuentran deteriorados y debe someterse a diálisis, un proceso que, según describe, lo deja “cansado, débil, con mareos y calambres”. Aun así, procura mantener su actividad.
“A veces tengo ganas de dormir, pero mi deber me manda a trabajar”, comenta.
En medio de ese proceso, apareció una noticia que transformó la incertidumbre en esperanza. El 17 de julio, Marcelo contó públicamente que el resultado de las pruebas de compatibilidad había sido positivo: su hermana Ceci podía ser su donante.
“Mi hermanita SÍ puede ser mi donante. ¡Somos compatibles!”, escribió entonces en sus redes sociales.
Ceci tiene 21 años y Marcelo la describe como “la luz de nuestra familia”, una joven de corazón grande a quien considera especialmente cercana. Por eso, saber que ella está dispuesta a donar un riñón para ayudarlo a recuperar su salud lo conmueve profundamente.
“Estoy eternamente agradecido con Dios y especialmente con Ceci por ese cariño y emprendimiento que está dando parte de su vida para salvar mi vida”, dice con emoción.
De esa misma experiencia nació la canción que escribió a las tres de la mañana. Ahora espera mostrársela a Luis Vega para trabajar juntos en los arreglos y convertirla en una dedicatoria para su hermana.
La música como refugio frente a la enfermedad
Mientras espera avanzar hacia el trasplante, Marcelo continúa aferrado a aquello que lo acompañó desde los 15 años. La música no aparece solamente como una profesión o una afición, sino como una forma de atravesar los momentos que le toca vivir.
Incluso después de haber pasado por terapia intensiva debido a una complicación relacionada con sus riñones, volvió a encontrarse con sus colegas y con el público.
Luis Vega, quien también trabaja en la música, cuenta que conoció a Marcelo en un momento en que él mismo atravesaba un bloqueo creativo y buscaba a alguien con quien escribir. Lo invitó a su casa y juntos comenzaron a trabajar en algunas canciones.
Poco después, Marcelo fue internado en terapia intensiva. Para Vega, aquello cambió la naturaleza de su relación: de una colaboración musical pasó a convertirse en una causa que decidió acompañar.
“Vamos a sacarte esto, vamos a hacer todo lo posible, porque vos vas a ser mi compositor, vas a estar en el proyecto”, recuerda.
A partir de ese compromiso nació una campaña solidaria para ayudar a reunir los recursos necesarios para el trasplante. Varios artistas se sumaron a la iniciativa y se anunció un concierto para este jueves 13 de agosto en Casa Grande, donde lo recaudado será destinado a apoyar el proceso de Marcelo.



