El tipo de cambio flexible no es, por sí solo, la solución de la crisis. Es más bien una herramienta para reconocer una realidad que ya existía: Bolivia tenía un dólar oficial artificialmente barato mientras el mercado paralelo reflejaba una escasez fuerte de divisas.
Desde el 29 de junio de 2026, Bolivia abandonó el tipo de cambio fijo de Bs 6,86/6,96 por dólar y pasó a un régimen flexible; el valor inicial fue Bs 9,73.
¿Qué fue lo bueno del nuevo tipo de cambio flexible?
- Se sinceró parcialmente el precio del dólar.
Mantener Bs 6,96 cuando conseguir dólares a ese precio era cada vez más difícil generaba una enorme distorsión. El cambio flexible permite que el precio refleje mejor la oferta y demanda. - Reduce la necesidad de que el BCB queme reservas para defender un precio artificial.
Ese era uno de los grandes problemas: sostener el tipo de cambio requería dólares que Bolivia ya no tenía en abundancia. Las reservas internacionales llegaron a niveles muy bajos. - Puede favorecer a los exportadores.
Si un exportador recibe más bolivianos por cada dólar generado, aumenta el incentivo para producir y vender al exterior. Eso es fundamental para conseguir las divisas que Bolivia necesita. - Reduce la brecha entre el mercado oficial y el paralelo.
El sistema anterior había creado una economía de múltiples precios del dólar. Eso perjudicaba especialmente a empresas que necesitaban importar insumos, maquinaria o productos. - Hace más transparente la economía.
Un dólar artificialmente barato puede esconder el problema durante un tiempo. Un tipo de cambio más realista obliga a reconocer el costo verdadero de las importaciones y de las divisas.
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¿Y qué fue lo malo del tipo de cambio flexible?
Aquí está el problema más serio: la corrección cambiaria llegó cuando la economía ya estaba muy debilitada.
El nuevo régimen provocó inicialmente una fuerte depreciación del boliviano. En julio, el dólar llegó a subir alrededor de 10,75 bolivianos, mientras la inflación ya era elevada.
Eso tiene varios efectos:
Dólar ↑ → importaciones ↑ → costos ↑ → precios ↑
Y Bolivia importa muchísimo: combustibles, medicamentos, maquinaria, repuestos, tecnología, alimentos e insumos para producir.
Por eso el ciudadano común puede sentir que todo sube antes de que lleguen los beneficios del nuevo régimen.
Además:
* disminuye el poder adquisitivo de los salarios;
* aumenta el costo de los productos importados;
* aumenta el costo de producir para muchas empresas;
* puede aumentar la pobreza;
* genera incertidumbre para comerciantes e inversionistas;
* si la gente pierde confianza en el boliviano, puede aumentar la dolarización de facto.
Y hay otro problema fundamental: devaluar no crea dólares.
Si Bolivia no aumenta sus exportaciones, inversión extranjera, turismo, remesas y producción, el dólar puede seguir presionando hacia arriba.
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Entonces, ¿Qué debería hacer Bolivia?
Yo plantearía un programa en 7 frentes, no solamente una devaluación.
1. Reducir el déficit fiscal, pero sin destruir la economía
Bolivia necesita dejar de gastar sistemáticamente más de lo que recauda.
Pero hay una diferencia enorme entre:
recortar gasto inútil y recortar inversión y programas sociales esenciales.
Yo empezaría por:
* eliminar gastos políticos y burocráticos innecesarios;
* reducir consultorías y entidades duplicadas;
* controlar empresas públicas deficitarias;
* revisar contrataciones;
* priorizar inversión pública productiva;
* combatir evasión y contrabando.
El déficit fiscal está entre los problemas centrales identificados en el programa económico asociado al acuerdo con el FMI.
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1. No volver al dólar artificial de Bs 6,96
Yo no volvería al tipo de cambio fijo anterior.
Sería como poner nuevamente una tapa sobre una olla que ya estaba hirviendo.
Pero tampoco dejaría que el dólar simplemente se dispare sin control.
Lo razonable sería una flotación administrada, donde el mercado determine la tendencia pero el BCB intervenga cuando existan movimientos desordenados.
El objetivo debería ser:
Un solo dólar, un mercado transparente y una brecha mínima entre el oficial y el paralelo.
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1. Recuperar dólares desesperadamente
Esta debería ser una prioridad nacional.
Bolivia necesita generar divisas, no simplemente pedirlas.
Para eso:
- Gas: recuperar producción y atraer inversión.
- Minería: acelerar proyectos de litio, plata, zinc, oro y otros minerales, pero con reglas claras.
- Agroindustria: aumentar exportaciones de soya, carne, azúcar, derivados y otros productos.
- Turismo: convertir el turismo en una verdadera industria exportadora.
- Industria: facilitar empresas que sustituyan importaciones competitivamente.
Y algo fundamental:
- Seguridad jurídica.
- Un inversionista no va a poner cientos de millones de dólares en Bolivia si piensa que mañana puede cambiarle las reglas.
- El Gobierno está justamente intentando avanzar hacia una legislación de inversión más favorable al capital privado.
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1. Combustibles: probablemente la reforma más difícil
- El subsidio a los combustibles se volvió demasiado caro para el Estado.
- Pero eliminarlo de golpe puede provocar una explosión social.
Yo haría una transición:
- Primera etapa: subsidio focalizado para transporte público, producción agrícola y sectores estratégicos.
- Segunda etapa: reducción progresiva del subsidio.
- Tercera etapa: precio de mercado.
Y simultáneamente:
* permitir importación privada de combustibles;
* eliminar trabas burocráticas;
* mejorar almacenamiento y distribución;
* perseguir el contrabando.
La eliminación parcial del subsidio y la apertura a importadores privados ya forman parte del giro económico actual.
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1. Proteger al ciudadano, no mantener artificialmente barato el dólar
Esto es importantísimo.
Si el Gobierno hace ajuste fiscal + devaluación + eliminación de subsidios sin proteger a la población, la receta puede convertirse en una crisis social.
Yo establecería temporalmente:
* bonos focalizados para familias vulnerables;
* apoyo alimentario dirigido;
* medicamentos esenciales protegidos;
* programas de empleo;
* créditos productivos;
* apoyo a pequeños negocios.
Pero evitaría controles generales de precios.
Porque si congelas artificialmente los precios mientras los costos siguen subiendo, aparecen escasez, mercado negro y contrabando.
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1. Darle oxígeno al sector privado
Aquí Bolivia tiene una oportunidad enorme.
Hay que hacer que sea más fácil producir que importar de contrabando.
Por ejemplo:
* reducir trámites;
* acelerar permisos;
* simplificar impuestos;
* facilitar créditos;
* seguridad jurídica;
* devolución rápida de impuestos a exportadores;
* facilitar importación de maquinaria;
* reducir aranceles para bienes de capital.
Si una pequeña empresa puede abrir y producir rápidamente, genera empleo y paga impuestos.
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1. Utilizar bien el dinero del FMI
Aquí tendría muchísimo cuidado.
Bolivia consiguió un acuerdo técnico con el FMI por unos US$1.900 millones, con posibilidad de movilizar recursos adicionales de otros organismos.
Ese dinero no debería utilizarse principalmente para financiar gasto corriente.
Debería servir para:
reservas + estabilización + confianza + inversión productiva.
Porque pedir US$2.000 millones para gastarlos y después volver a tener déficit sería simplemente comprar tiempo.


