Me encantan las películas que tienen como protagonistas a animales de carne y hueso ya sea en su formato documental como Grizzly Man (2005) del gran Werner Herzog, o aventuras fantásticas como El Oso (1988) o Dos Hermanos (2004), ambas de Jean Jaques Annaud. Dicho esto imaginen mi entusiasmo cuando vi el trailer de una nueva película dirigida por David Ayer, protagonizada por Brad Pitt, y por un encantador pastor alemán: El corazón de la bestia (2026)
En El corazón de la bestia James Belmont es un curtido militar de las fuerzas especiales que se ha retirado junto a Odín, su ovejero alemán y camarada de armas, a lamerse las heridas y tratar de olvidar los traumas de guerra en la desolada Alaska. Viajan, pescan, duermen y hasta tienen las mismas pesadillas de la guerra.
Mientras Belmont pilotea un avión Cessna Skywagon sufre un infarto y termina estrellándose en territorio salvaje y desde allí arranca este drama de supervivencia que pondrá a prueba una vez más a humano y canino.
La propuesta central no es gratuita, creo que apunta principalmente al público de la generación Z (Centennials) que en su mayoría ha reemplazado el antiguo concepto de la familia tradicional por diferentes variantes. Es una generación que no quiere casarse y que encuentra la satisfacción del sentimiento de pertenencia, cuidado y compañía en una o varias mascotas. Por eso Odín no solo es el compañero de aventura de Belmont. Lo es todo, hijo, amigo, confidente. Es por eso que El corazón de la bestia es fundamentalmente una película de amor.
A pesar de que la película está concebida para que el protagónico se luzca, ver el esfuerzo físico de Pit a sus 60 años es poco menos que envidiable, es la coestrella canina quien se roba la película. Odín es tan carismático que por momentos hace que olvidemos el eficiente trabajo actoral de Pit.
Lo único que me saca de onda de la película es la exaltación de la épica militar a través de flashbacks, discursos heroicos y banderas estadounidenses que contrastan claramente con las secuelas que la guerra ha dejado en los dos personajes.
David Ayer es un director con una trayectoria marcada por altas y bajas. En realidad creo que lo suyo es escribir antes que dirigir. Ayer es el responsable del guion de Training Ray (Día de entrenamiento, 2001), película que le dio su segundo Óscar a Denzel Washington. Lo más notable de su filmografía como director es En la mira (Endo of watch, 2012) o la bélica Fury (Corazones de acero, 2014) y por supuesto El corazón de la bestia.
La fotografía del italiano Mauro fiore es sin duda el Cherry de la torta de El corazón de la bestia película que te mantiene aferrado al asiento durante casi dos horas, te hace soltar un lagrimón y finalmente, al salir del cine solo te deja ganas de ir corriendo a tu casa para abrazar a tus perrijos.
Roberto Marcelo Vera


