China – una vez más – acelera sus pasos rumbo a un control ciudadano y casi distópico al poder identificar a quienes en tiempo real están cometiendo actos de sedición en contra del régimen e incluso, predecir quiénes podrían cometer actos políticos contrarios a los mandatos de Xi Ying Pin. Esta práctica derrumbaría por completo cualquier clase de libertad de conciencia, de expresión y de alternativa de poder en regímenes autoritarios o totalitarios.
La empresa china Geedge Networks ya comercializa una versión de un software denominado Gran Cortafuegos (Great Firewall), cuya finalidad es la de vigilar y censurar cualquier actividad sospechosa en internet. Esta herramienta permite a los gobiernos monitorear el tráfico en línea y detectar cuando alguien intenta eludir la censura tradicional de internet, convocar a manifestaciones, reuniones disidentes o que, en un corto tiempo, podría ser “un problema” para el gobierno chino.
La persecución y el apresamiento de la persona – o personas – se ejecutaría, incluso, antes de cometer el “delito”. Según los reportes el mencionado sistema basado en la IA, las autoridades podrían analizar datos de ubicación y uso de internet con el fin de predecir quién podría hacer o decir algo crítico en contra del gobierno.
Esta tecnología, de llegar a perfeccionarse tal y como ha sido diseñada, otorgaría a los gobiernos autoritarios – y porque no, incluso a los democráticos – una poderosa herramienta para utilizar contra sus enemigos reales o percibidos.
¿Cuál es la pesadilla? Que el uso de IA pueda predecir un cisma político mucho antes de que se ejecute y sin controles ni contrapesos, lo que el gobierno de China estaría queriendo hacer con sus propios ciudadanos y que podría ser una gigantesca alerta mundial en el mundo occidental por la restricción de un corolario de derechos y libertades civiles, políticas, culturales y económicas.
El fuerte paso de la tecnocracia que detesta la democracia tal y como la conocemos por considerarla poco competitiva, poco eficiente y con demasiados derechos adquiridos de la población, nos empuja a pasar debajo de un pórtico muy complejo y completamente desconocido por toda la humanidad: el uso de la IA como regidor del comportamiento humano.
La discusión gira en torno a la capacidad de contar con chips mucho más potentes que permitan este paso cualitativo enorme y todos miran a Nvidia, la empresa estadounidense que diseña los chips de inteligencia artificial más poderosos del mundo.
En la última visita de Trump A China, el CEO de Nvidia estaba en la comitiva y todo parece indicar que las empresas chinas – estatales por supuesto – podrían acceder a estos chips y dar el paso definitivo que necesitan. Control absoluto ahora y en el futuro. Sólo necesitan el acceso a esa tecnología para luego, copiarla y usarla con absoluta discrecionalidad en detrimento de sociedades enteras.
La publicación Wired ya advierte que esta tecnología de control, censura y persecución ciudadana ya se estaría aplicando en países laboratorio como Etiopía, Kazajistán, Myanmar y Pakistán, permitiéndoles llevar a cabo vigilancia masiva y personalizada sobre redes móviles, accediendo a la actividad diaria de sus ciudadanos.
Toda esta información sería la materia prima para la construcción de perfiles, comportamientos, posturas políticas, deseos, vínculos de amistad, familiar y de toda acción social para luego “fichar” digitalmente a cada individuo. En pocas palabras, esta extraordinaria cantera de datos sobre las actividades ordinarias de cada ciudadano serán la materia prima para generar perfiles que determinen quién eres y qué harás a continuación. Nada se deja suelto. Ni siquiera la propia gestualidad frente a las pantallas.
En estos tiempos convulsos, aquello que parece invasivo y pernicioso, para muchos es miel para los oídos ya que, en los bloqueos, manifestaciones y reyertas sociales, el uso de la IA sería el instrumento ideal para detectar, encarcelar y reprimir a aquellos sedicioso o convulsos. Todo dependerá del cristal con que se mire.


