Pueblo y diálogo las dos palabras más usadas. Mas estropeadas. Mas manipuladas.
Los bloqueadores se autorepresentaron a nombre del pueblo, esa palabra bonita, que implica todo un conglomerado de personas, de sueños, de luchas, de anhelos. Y a nombre de ese todo llevaron adelante su demanda de alto voltaje político: la renuncia del Presidente Rodrigo Paz, que rompe con el sistema democrático, que hemos optado los bolivianos desde el 10 de octubre de 1982 y que es obligación de los más de once millones de habitantes del Estado Plurinacional de preservarla y defenderla.
No estar al capricho de unos cuantos para quebrar con el orden constitucional y sacar Presidente cuando quieran, porque según dicen no los escuchó o no dio respuestas a sus demandas.
Pueblo mío que estás en la colina tendido como un viejo… dice la canción. Así está hoy el pueblo boliviano, que somos todos: bloqueadores y bloqueados, indios y citadinos, empresarios y trabajadores, karas e indígenas, mujeres y transexuales. El pueblo no son solo los que hablan fuerte y gritan que llevan la voz del pueblo, que son del pueblo, que el pueblo está en las marchas, en los bloqueos.
Hay otro pueblo que durante muchos días viene sufriendo los rigores de los bloqueos. Ese pueblo que todos los días tiene que sortear palos, piedras, arena, rostros iracundos, insultos que encuentra en su largo caminar rumbo a su fuente de trabajo, al colegio, a las universidades, a un centro médico, a una reunión, a los mercados, si ese pueblo, que silenciosamente tuvo que soportar el bloqueo a sus derechos humanos, sin que el poder, ni las instituciones competentes extremen sus esfuerzos por acabar con esta orgía de vulneraciones a los derechos de las personas, de ese otro pueblo, que no tuvo quien grite, quien les diga, quien interpele a los bloqueadores, quien los organiza. La mayoría silenciosa que cumple con sus obligaciones. ¿Por qué?
Porque el gobierno tuvo el discurso intenso, permanente y esperanzador del diálogo, esperando que las bases sociales y las dirigencias de los bloqueadores bajen sus decibeles de violencias y acepten las reglas de la democracia, y renunciar a sus asonadas golpistas. El Presidente Paz insiste, insistió y tiene esperanzas de que el conflicto de los bloqueos termine sin un solo muerto más. A pesar que ya los bloqueos han dejado más de ocho muertos de bolivianos. Varios por no poder trasladarse a otro lugar por cuestiones de enfermedad.
El diálogo no llegó en las dimensiones que requiere un conflicto social-político de este calibre: renunciamientos de ambas partes y sinceramiento en los debates. El Vicepresidente Lara quiso liderar un proceso de diálogo, pero fracasó por lo radicalismos de los bloqueadores.
Los estribillos famosos de las luchas sindicales han quedado impregnados para siempre: Pueblo unido, jamás serás vencido. Fusil, metralla el pueblo no se calla. Si este no es el pueblo, ¿el pueblo dónde está? y otros, que han hecho temblar a dictaduras, a tiranías y gobiernos que hicieron fraude electoral.
Pero en esta caliente coyuntura nacional que tienen como protagonistas a determinados sectores, que no incluyen a la mayoría de sus integrantes, como el caso de la otrora gloriosa Central Obrera Boliviana, que se lanzó casi sola a la aventura golpista, ya que mas de seis Centrales Obreras Departamentales, aclararon que no están en paro ni en bloqueos ni son parte de la exigencia de romper con la democracia. De modo que el dirigente Argollo no puede hablar a nombre e los trabajadores del país. Igual sucede, con los mineros. Igual que los campesinos. Igual con otros sectores. De modo, que ese pueblo que bloquea no es el todo del otro pueblo bloqueado.
Pero ahora ese pueblo está bloqueado, dividido, confrontado, polarizado y enfrentado, asediado por dos fuerzas poderosas: los que llevan adelante los bloqueos exigiendo la renuncia presidencial y el poder representado en el gobierno y sus instituciones que no respondieron a esa gran demanda del pueblo que no bloqueó y quiere tener las condiciones de desarrollar sus vidas con las mínimas condiciones de paz social, de trabajo, de emprendimientos.
Cuán actuales son las palabras del Papa Leon XIV, que en su encíclica Magnifica Humanitas, nos lanzó esta invitación: “Trabajar juntos en pos del bien de todos significa tener un proyecto compartido. Es evidente que entre las diversas personas hay muchas diferencias ideológicas y pragmáticas, hay variedad de intereses y frecuentes contrastes, pero eso no significa que sea imposible un proceso de diálogo para configurar una base de consenso que permita constituir un proyecto para todos y caminar juntos”


