“La guerra no es un experimento”: colombiano que combate en Ucrania advierte a latinoamericanos
Nicolás Ramírez perteneció al Ejército de Colombia antes de trasladarse a Brasil. En una entrevista exclusiva con Asuntos Centrales, relató cómo se incorporó, describió el papel de los drones y la...
Nicolás Ramírez perteneció al Ejército de Colombia antes de trasladarse a Brasil. En una entrevista exclusiva con Asuntos Centrales, relató cómo se incorporó, describió el papel de los drones y la tecnología en el frente y contó que resultó herido en dos ocasiones. Desde entonces, asegura que ha pasado cerca de dos años en combate, fue herido en dos ocasiones y recibió una condecoración como veterano.
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“Yo pertenecí un tiempo al ejército en Colombia y ahí renuncié. Viví en Brasil un tiempo. Me enteré que ya estaban viajando algunos colombianos o extranjeros a apoyar aquí la guerra y en ese tiempo decidí viajar desde Brasil. Yo mismo compré mis tiquetes y todo, llegué a Ucrania y me incorporé”, relató Ramírez.
El colombiano explicó que llegó al centro de incorporación de Ternópil y posteriormente fue destinado a una brigada que operaba en el este del país. Según su testimonio, ya contaba con preparación militar previa y recibió un mes de entrenamiento antes de ingresar a las operaciones.
Una guerra marcada por la tecnología
Desde su experiencia en el frente, Ramírez sostiene que el conflicto ha dejado atrás el modelo tradicional de combate basado principalmente en el enfrentamiento directo entre tropas. En su lugar, los drones y la artillería tienen un papel central en las operaciones.
“Esto ya dejó de ser de infantería, aquí lo que manda es la tecnología”, afirmó el exmilitar colombiano, quien explicó que el riesgo para los soldados comienza desde el momento en que ingresan a una zona de combate, donde pueden ser alcanzados por drones, artillería o ser capturados.
En su caso, relató que resultó herido en dos oportunidades. La primera ocurrió cuando un dron provocó que una esquirla lo alcanzara en el lado derecho del cuerpo. La segunda fue el 26 de noviembre de 2024, durante el ingreso a una misión en la que, según su relato, fueron atacados por drones.
“El brazo prácticamente casi me lo destrozó. Pero, gracias a Dios, estamos vivos y todavía seguimos aquí”, contó Ramírez.
El colombiano también describió el combate cuerpo a cuerpo como una situación poco frecuente en su experiencia. Señaló que solo tuvo contacto directo con soldados del bando ruso en una ocasión y que, en general, las operaciones están condicionadas por la vigilancia y los ataques con drones.
El contrato y la posibilidad de pedir la baja
Ramírez explicó que los extranjeros que se incorporan a las fuerzas ucranianas suscriben un contrato y reciben una remuneración. Según su testimonio, durante los primeros dos meses existe la posibilidad de solicitar la ruptura del contrato; una vez transcurrido ese periodo, el compromiso se extiende por seis meses obligatorios, después de los cuales el soldado puede pedir la baja o solicitar un cambio de brigada.
También aseguró que durante su permanencia ha recibido atención médica, asistencia y el pago correspondiente a su trabajo. “Yo, en mi experiencia en Ucrania, no tengo nada malo que decir. Cuando han sido los primeros auxilios, me los han prestado. He tenido mi salud y nunca me han quedado mal”, manifestó.
El colombiano afirmó que mantiene contacto diario con su familia y que pudo regresar a Colombia durante un periodo de vacaciones antes de retornar a Ucrania.
“No es que no quieran sacar los cuerpos”
Uno de los aspectos más delicados que abordó durante la entrevista fue la recuperación de soldados muertos en las zonas más expuestas del frente. Ramírez explicó que el rescate de un cuerpo puede requerir el ingreso de varios soldados a una zona bajo fuego, lo que puede poner en riesgo a quienes intentan realizar la operación.
“Para rescatar un cuerpo se necesitan cuatro o seis hombres. Y no es justo que por rescatar un cuerpo que ya está muerto, los otros mueran”, sostuvo.
Según su relato, la posibilidad de recuperar los restos depende de la ubicación en la que se produzca la muerte. En zonas de segunda o tercera línea, afirmó, existen mayores posibilidades de realizar un traslado, mientras que en la llamada “línea cero” o primera línea la operación puede resultar prácticamente imposible.
“Cuando usted cae en una primera línea, en una línea cero, lastimosamente su cuerpo es imposible sacarlo de allá”, afirmó Ramírez.
Una advertencia para quienes piensan viajar por dinero
El testimonio del colombiano adquiere especial relevancia en un momento en que se conocen casos de latinoamericanos que viajan a la guerra atraídos por ofertas económicas. En Bolivia, familiares de algunos jóvenes han denunciado que personas con dificultades económicas fueron contactadas para incorporarse a las fuerzas rusas.
Consultado sobre si la remuneración puede justificar la decisión de viajar a una zona de guerra, Ramírez fue tajante en su respuesta y recomendó buscar otras alternativas.
“No justifica venir a la guerra. Yo a nadie le aconsejaría venir acá, ni tampoco del lado ruso”, afirmó.
El exmilitar colombiano insistió en que quienes consideran viajar deben entender que se dirigen a un país en guerra y que pueden morir durante su primera misión, antes incluso de recibir su primer pago.
“La guerra no es un experimento. Esto no es un experimento”, enfatizó Ramírez, quien agregó que una persona puede morir por el impacto de un dron, la artillería o ser capturada.
Su recomendación para los latinoamericanos que evalúan incorporarse a cualquiera de los dos bandos es buscar otras opciones y analizar las consecuencias de la decisión. “Usted no puede venirse pensando a toda hora en el dinero. Aquí ha habido casos de gente que en su primera misión ha fallecido y no alcanza a reclamar ni el primer sueldo”, advirtió.
Su futuro, entre el Ejército ucraniano y su familia
Ramírez aseguró que llegó a Ucrania por convicción propia y que asumió personalmente los gastos de su viaje y permanencia inicial hasta incorporarse a una unidad militar. Ahora, tras haber sido condecorado y reconocido como veterano, afirma que aspira a permanecer en el Ejército ucraniano si la guerra concluye.
“Yo aquí vine por convicciones propias. A mí nadie me llamó. Yo vine porque quería venir”, sostuvo Ramirez.
Aunque planea continuar en las fuerzas ucranianas, también expresó su deseo de volver a Colombia, donde se encuentra su familia. Antes de concluir la entrevista, reiteró que quienes consideran viajar a Ucrania o Rusia deben evaluar la decisión más allá de la promesa de un ingreso económico.
“Piense las cosas muy bien. Mire que hay otras opciones”, concluyó.


