La fiebre amarilla en Santa Cruz volvió a aparecer tras más de dos décadas sin transmisión interna. Las autoridades confirmaron un brote en la comunidad de Capicuandi, municipio de Gutiérrez, en la provincia Cordillera, que ya dejó un fallecido y un segundo caso en recuperación.
El infectólogo Carlos Hurtado advirtió que se trata de una situación preocupante y alertó sobre un posible cambio en el comportamiento de la enfermedad, con riesgo de expansión hacia zonas urbanas.
El caso índice corresponde a un joven de 20 años que murió pocas horas después de ser ingresado a un hospital en Santa Cruz de la Sierra. El paciente acudió al sistema de salud siete días después de presentar síntomas, cuando ya tenía complicaciones graves como hemorragias e ictericia. Inicialmente fue tratado como dengue grave, lo que retrasó el diagnóstico.
En contraste, un segundo caso —un niño de entre 9 y 10 años— fue detectado en su segundo día de fiebre gracias a la búsqueda activa de brigadas médicas. El menor fue internado de inmediato y actualmente evoluciona favorablemente. La diferencia entre ambos casos refleja un punto clave: la atención oportuna puede salvar vidas.
La confirmación de transmisión autóctona implica que el virus se originó dentro del territorio nacional y no fue importado. Esto confirma la presencia activa del virus en la zona y eleva el nivel de alerta epidemiológica.
Uno de los principales riesgos identificados por las autoridades es la “urbanización” de la enfermedad. La deforestación y la presión sobre los ecosistemas están desplazando a los vectores hacia áreas habitadas. En este contexto, el mosquito Aedes aegypti —presente en ciudades— podría facilitar la transmisión urbana.
“Estamos urbanizando las enfermedades. Los vectores se están acercando a las zonas donde vive la población”, advirtió Hurtado.
La fiebre amarilla presenta síntomas similares a otras enfermedades como dengue o chikungunya: fiebre alta, dolor muscular, dolor de cabeza y malestar general. En fases avanzadas puede provocar coloración amarilla de la piel y hemorragias, lo que complica el cuadro clínico.
Las autoridades insisten en que ante cualquier síntoma se debe acudir de inmediato a un centro de salud, ya que el diagnóstico temprano es determinante.
La enfermedad tiene una letalidad de hasta el 50% y puede afectar a cualquier grupo etario. En los casos recientes en Bolivia, las víctimas han sido principalmente jóvenes, lo que incrementa la preocupación.
La vacuna contra la fiebre amarilla sigue siendo la principal herramienta de prevención. Una sola dosis protege de por vida y está disponible en los centros de salud. Sin embargo, la cobertura sigue siendo baja.
Ninguno de los casos confirmados estaba vacunado, pese a que existe suficiente disponibilidad de dosis en el sistema público.
El Servicio Departamental de Salud activó un bloqueo epidemiológico en la provincia Cordillera y comenzó campañas de vacunación en la zona afectada. Aun así, el llamado a la población es claro: vacunarse y no subestimar los síntomas.
La fiebre amarilla está catalogada como una enfermedad de importancia internacional, lo que aumenta la urgencia de contener el brote y evitar su expansión.

