Creemos que la guerra ocurre lejos de nosotros, hasta que el conflicto político convierte nuestras ciudades en campos de batalla. Una antiguo adagio romano lo expresa con claridad, “Si vis pacem, para bellum” traducido, “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Está concepción de lo bélico como algo habitual y no un fenómeno aislado nos permitirá interpretar de forma estratégica y no sentimental los conflictos que sacuden a la sede de gobierno desde un paradigma ajeno al del inocente ideal democrático del diálogo.
El caso boliviano es en extremo complejo de analizar, después de tantas semanas de conflictos sociales sin respuesta y la marcada intransigencia política de los distintos sectores violentos en contra del gobierno es válido catalogar a Bolivia como un “Ex País”, esto implica componentes que desgraciadamente consideramos tan cotidianos como los disturbios, la violencia y el conflicto sumado a una debilitación institucional progresiva que llegó a su pico en las últimas semanas de protestas reportadas, pues existe una saturación institucional tanto en la ejecución de las normas como en el diseño de las mismas, desembocando así en el antiestético ritual de masas, petardos y gases que azotan día tras día a la ciudad.
Lo cierto es que la base de este conflicto se encuentra en la ausencia de cuestiones tan básicas como la institucionalidad, la falta de cultura político-democrática y la permisibilidad del gobierno con estos grupos. Por parte de estos últimos existe una planificación, unos responsables, y una estrategia clara, disfrazando las cabecillas de las mafias con cascos de dirigentes y a grupos de guerrilla con ponchos rojos, ambos intentando escudarse en su condición social, mostrándose como víctimas y oprimidos para cometer deliberadamente daños a la sociedad, constituyéndose en la práctica como grupos terroristas.
Primero es necesario entender qué constituye a un grupo terrorista, y este puede definirse como un grupo de personas organizadas que encuentran su realización solo mediante el uso sistemático del terror social y la violencia en las calles para causar una impresión de miedo y parálisis social, en este caso, con pretensiones políticas. La violencia no es más que el uso de la fuerza desproporcionada para someter a otro a las pretensiones de quien la ejerce, ya lo mencionaba Sorel en sus Reflexiones Sobre la Violencia: “No vacilo hoy en declarar que el socialismo no podría subsistir sin una apología de la violencia. […] La huelga es un fenómeno de guerra; sería mentir si dijera que la violencia es un accidente llamado a desaparecer de las huelgas. La revolución social es una extensión de esa guerra, de la cual cada huelga constituye un episodio”
En este esquema de terrorismo entran por supuesto grupos como la COB, la CESUTCB, Ponchos rojos, distintos sectores catalogados por la opinión pública como seguidores de Evo Morales y todo grupo cuyo único fin actual sea el de la desestabilización democrática y el quiebre del orden constitucional utilizando la fuerza desmedida.
Es necesario también comprender el carácter ideológico de estos grupos, pues mantienen la siguiente lógica victimista, “Somos oprimidos por nuestra condición social, si somos oprimidos no podemos pelear en igualdad de condiciones con el opresor, esas reglas de igualdad de condiciones la dictan la democracia participativa, por tanto, nuestra salida a la opresión no está en la vía de la democracia”. Es por eso que Sorel afirma que esta lógica marxista es inherentemente violenta y combativa, por lo que si la COB y las organizaciones mencionadas siguen estas prácticas e ideas de forma sistémica entonces se puede afirmar que son, en toda regla, grupos delincuenciales y deliberadamente terroristas.
La estrategia de estos grupos terroristas se basa en la guerra de guerrillas, específicamente la guerrilla urbana. Esto implica que estos grupos minoritarios al no tener poder ni autoridad dentro del esquema democrático deban recurrir a tácticas violentas de desestabilización, lo que incluye el enfrentamiento indirecto al orden estatal para no perder fuerza en un solo encuentro, sino el desgaste progresivo y deben asegurar la operación mediante el desplazamiento de células móviles para fatigar al gobierno con una persecución en distintos puntos.
¿Cuál es el objetivo real de estas maniobras de guerrilla? Será interesante responder esta pregunta con una analogía: si el gato está ocupado con el juguete, no cazará a los ratones. Estos grupos y organizaciones sostienen pequeñas revueltas que actúan bajo una organización de células escurridizas que mantienen focos de conflicto alejados y tienen capacidad de reagruparse de forma veloz. El objetivo final detrás de esta estrategia tan elaborada se encuentra en su fuente de financiamiento, si el dinero viene desde el bastión de narcotráfico de Evo Morales en el Chapare como ya afirmó el gobierno, ¿Es una estrategia para comprar tiempo y escapar del país? Si este no fuese el caso entonces ¿Hablamos de un intento de retorno al poder por parte de estos sectores?
Recordemos que Evo Morales, fue declarado en rebeldía y ya tiene una orden de aprehensión esperando a ser ejecutada. La muestra de que el Ex tirano siente un ápice de temor a la aprehensión se manifestó con la toma del Aeropuerto de Chimoré por parte de sus subordinados y con el intento desesperado de activar su pasaporte diplomático mediante la cancillería.
La lectura de un conflicto de esta magnitud debe darse desde esta óptica bélica y estratégica para asegurar el descubrimiento de la verdad en cuanto a los intereses de los actores que detonaron la violencia, solo así se podrá encontrar puntos de debilidad y en última medida, atacarlos. El diálogo en democracia vendrá con todo aquel que quiera dialogar, en contraposición, deberá aplicarse todo el peso de la ley contra los que no la cumplan.
Un gobierno que no sepa identificar entre un conflicto espontáneo de revueltas y una movilización organizada de carácter bélico terminará por ceder más allá de lo que está dispuesto a negociar, la paz no depende solo del diálogo, también depende de la capacidad de reacción y la preparación que tengan las instituciones ante estos conflictos, por ello es bueno siempre recordar, “Si vis pacem, para bellum”.


