Hernán Cabrera M.
A pesar de la existencia de un montón de instituciones públicas, sociales y privadas que ondean las banderas de los derechos humanos, elemento fundamental para las democracias, poco o nada han hecho para neutralizar o sancionar a los vulneradores y violadores de esos derechos humanos.
Durante 47 días un grupo de bloqueadores con el poder que les dan las bases y supuestamente un mandato se lanzaron a las calles y carreteras para llenarlas de tierra, piedras, palos, maderas y los cuerpos humanos, empezando así una larga travesía y un vía crucis para el pueblo bloqueado, cuyos integrantes cada día deben luchar por el pan diario, por llegar a tiempo a sus fuentes laborales, por ingresar en horario a sus clases escolares y universitarias, por llevar en buen estado sus productos alimenticios a los mercados de las ciudades, por evitar morir y llegar a un centro hospitalario para recibir el tratamiento médico, por transportarse de un lugar a otro.
Esos bloqueadores han violado y maltratado los derechos humanos de millones de bolivianos, pero eso poco ha importado para toda esa serie de organizaciones civiles, como la Asamblea de Derechos Humanos, que claramente estuvo al lado de los bloqueadores, y así hay muchas otras.
El que se aplazó en estos conflictos fue el Defensor del Pueblo, que intentó junto a la Iglesia Católica instalar el diálogo entre el gobierno y esos sectores movilizados, pero no hizo nada mas, e incluso claramente exhortó al gobierno no usar la fuerza para el desbloqueo y visitó a algunos dirigentes bloqueadores para “vigilar” que sus derechos no sean vulnerados. Pero este Defensor no dijo ni hizo nada para las víctimas del bloqueo, ni siquiera un necrológico para esas personas muertas por alguna enfermedad terminal y que no pudieron pasar los puntos de bloqueos para llegar a tiempo a su cita médica.
Cuán importantes y necesarios son los derechos humanos para todos nosotros, los cuales nos hace iguales en todos los sentidos. En Bolivia no hay raza aimara, quechua, guaraní o aria superior a los otros. Todos tenemos las mismas obligaciones y derechos. Todos hemos conquistado a la democracia y aceptado vivir según sus reglas.
Precisamente bajo el paraguas de los derechos humanos que le da al gobierno y las instituciones competentes del Estado la facultad de proteger, de garantizar y hacer cumplir los más de 160 artículos que tiene la Constitución Política del Estado en materia de derechos humanos y una serie de leyes a favor de los mismos.
Pero el ciudadano ha notado y ha sentido una ausencia del Estado: gobierno, sistema judicial, fiscalía, defensoría del Pueblo, Policía, FFAA y otras en esa ruta de las garantías para el ejercicio de los derechos humanos a la vida, a la salud, al trabajo, al transporte, a la alimentación, a la paz social, al agua.
Ni una sola autoridad hizo gestiones claras y con resultados para el desbloqueo, llegando solo a activar ciertos corredores humanitarios, como si fuera la solución, los cuales necesitaban permisos de los bloqueadores. ¡Vaya paradoja!.
El Defensor del Pueblo, Rolando Villena (gestión 2010-2016) decía: “Este día y cada día es para demandar, reclamar y exigir que los derechos dejen de ser enunciados abstractos, ideales etéreos y leyes que no se cumplen y se tornen en realidades comprensibles, exigibles y practicables”.
Precisamente para eso son los derechos humanos: para desarrollar una vida digna, libre y con las condiciones adecuadas y para fortalecer a la democracia, que viene siendo ultrajada y violentada por un grupo de bloqueadores que obedecen consignas de alto voltaje político: la renuncia de Rodrigo Paz, situación que está generando una falsa narrativa en el mundo, que incluso una misión de derechos humanos de Argentina, quienes con activistas políticos, llegaron a Bolivia y fueron devueltos a su país, pero ellos aprovecharon esta circunstancia y a su, que a su retorno a Buenos Aires se mostraron espantados porque en Bolivia hay muertos, secuestros, torturas, presos políticos y unos pobrecitos bloqueadores que deben ser asistidos, sin haber comprobado nada de ello.
Los derechos humanos que sean usados y manipulados como armas para confrontar y ocultar los hechos dejarían de ser un instrumento jurídico para convertirse en un mecanismo susceptible de utilización política.
“𝑳𝒂 𝒅𝒆𝒇𝒆𝒏𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒓𝒆𝒄𝒉𝒐𝒔 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒆𝒙𝒊𝒈𝒆 𝒊𝒏𝒅𝒆𝒑𝒆𝒏𝒅𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂, 𝒐𝒃𝒋𝒆𝒕𝒊𝒗𝒊𝒅𝒂𝒅, 𝒓𝒊𝒈𝒐𝒓 𝒚 𝒍𝒆𝒈𝒂𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅. 𝑵𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒊𝒎𝒑𝒓𝒐𝒗𝒊𝒔𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏, 𝒑𝒓𝒐𝒕𝒂𝒈𝒐𝒏𝒊𝒔𝒎𝒐 𝒑𝒐𝒍𝒊́𝒕𝒊𝒄𝒐 𝒏𝒊 𝒅𝒆𝒔𝒄𝒐𝒏𝒐𝒄𝒊𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒏𝒐𝒓𝒎𝒂𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒓𝒆𝒈𝒖𝒍𝒂𝒏 𝒍𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒗𝒊𝒗𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝑬𝒔𝒕𝒂𝒅𝒐𝒔”, señala G𝐢𝐨𝐯𝐚𝐧𝐚 𝐇𝐨𝐦𝐚𝐲𝐫𝐚 𝐂𝐨𝐧𝐝𝐚𝐫𝐜𝐨 𝐑𝐨𝐦𝐚́𝐧, a𝐧𝐚𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚 𝐩𝐨𝐥𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐚.
Pero esta misión argentina activó en Bolivia algo importante: despertó la fiebre de los derechos, y ahora todos se han convertido en defensores, pilares y difusores de los derechos humanos, demostrando la enorme importancia y necesidad que el Estado boliviano garantice la vigencia plena de los mismos.
¡Que estén bloqueados por un grupo de bloqueadores que para estar 47 días en los puntos de bloqueos es que la vida para ellos es normal y fácil, teniendo sus financiadores mucho dinero!


