Dejarlo todo para cantar: la historia de la boliviana que encontró en Alemania el escenario que soñaba
Mientras las luces del teatro se preparaban para iluminar una nueva función de La viuda alegre, Paola Alcocer cargaba mucho más que la responsabilidad de interpretar uno de los personajes principales...
Mientras las luces del teatro se preparaban para iluminar una nueva función de La viuda alegre, Paola Alcocer cargaba mucho más que la responsabilidad de interpretar uno de los personajes principales de la obra. A miles de kilómetros de Cochabamba, la soprano boliviana llegaba al estreno después de meses de preparación, pero también en medio de la preocupación permanente por las noticias que seguían llegando desde Bolivia.
Table Of Content
Entre ensayos, partituras y jornadas de estudio, las redes sociales se habían convertido en una ventana hacia un país que observaba desde la distancia. Un país que extraña, donde permanece su familia y al que espera regresar algún día no solo de visita, sino para desarrollar la carrera artística que construyó lejos de casa.
Esa sensación de estar entre dos mundos no es nueva para ella. De hecho, gran parte de su historia comenzó mucho antes de los escenarios alemanes, cuando una joven cochabambina tuvo que decidir entre la seguridad de una profesión estable y una pasión que muchos consideraban apenas un pasatiempo.

El primer Rol en una Opera en Europa . Kate Pinkerton en Madame Butterfly de Puccini
Cuando la ingeniería dejó de ser suficiente
La música había estado presente desde la infancia. A los siete años comenzó a estudiar piano y, con el tiempo, llegaron la guitarra, el charango y el canto. Sin embargo, como ocurre con muchos jóvenes que sienten inclinación por el arte, el camino profesional parecía apuntar en otra dirección.
Le gustaban los números, la química y las ciencias, por lo que decidió estudiar Ingeniería Petrolera en la Universidad del Valle. Se graduó convencida de que aquella profesión podía ofrecerle estabilidad y un futuro prometedor.
Pero una vez dentro del mundo laboral apareció una pregunta que terminaría cambiándolo todo.
Durante sus prácticas y los primeros años de ejercicio profesional comprendió que no se veía dedicando toda su vida a una actividad que no le generaba satisfacción personal.
“No quería gastar ocho horas de mi día en un lugar donde sentía que no estaba donde quería estar”, recuerda.
La decisión no fue sencilla. Cambiar de rumbo significaba abandonar años de formación académica y apostar por una carrera que suele estar rodeada de incertidumbre. Sin embargo, entendió que si quería dedicarse profesionalmente al canto lírico debía hacerlo en ese momento.
“Quería darle una oportunidad a la música y poder decir que al menos lo intenté”, afirma.

Su primer día de trabajo en un teatro Alemán 2019.
Un viaje sin idioma y con una sola certeza
Aquella decisión la llevó a Europa.
Primero llegó a Suiza para estudiar canto lírico en Basilea y más tarde desarrolló su carrera en Alemania. Lo hizo sin dominar el idioma y sin conocer con exactitud cómo sería el camino que tenía por delante.
Aprender alemán se convirtió en uno de los mayores desafíos de la adaptación. Cada trámite, cada conversación y cada oportunidad profesional exigían un esfuerzo adicional.
Sin embargo, si el idioma representaba una barrera importante, había algo todavía más difícil: la distancia.
Dejar Bolivia significó alejarse de sus padres, de su hermana, de sus amigos y de todo aquello que formaba parte de su vida cotidiana.
“Creo que lo más grande que arriesga un inmigrante es la familia”, sostiene.
Con los años, esa sensación se volvió todavía más profunda. Su padre falleció mientras ella desarrollaba su carrera en Europa y la distancia adquirió un significado distinto. Desde entonces, las llamadas con su madre se convirtieron en un refugio indispensable para mantener el vínculo con Cochabamba.

Reunión familiar la última del 2024
La recompensa de insistir
Los años de estudio, disciplina y preparación terminaron abriendo las puertas que había imaginado cuando decidió abandonar la ingeniería.
Su primer trabajo profesional en Alemania llegó en 2019 y posteriormente se consolidó como solista en teatros alemanes. Desde entonces, cada producción representó un nuevo aprendizaje.
La ópera, explica, no se limita a cantar bien. Exige construir personajes, comprender emociones, dominar idiomas y transmitir historias ante cientos de espectadores.
“Hay muchas cosas que no te enseñan en la universidad. Las aprendes trabajando, equivocándote y corrigiéndote”, señala.
Entre los momentos más significativos de su trayectoria recuerda especialmente una presentación en la Filarmónica de Hamburgo, donde interpretó la cantata Para la América Mágica, del compositor argentino Alberto Ginastera.
Años después, esa experiencia continúa ocupando un lugar especial en su memoria.
“Hasta hoy sigue siendo una de las mayores satisfacciones de mi carrera”, afirma.

El rol de Zita en Gianni Schicchi de Puccini en Mittelsächsischen Theater Freiberg
El reto de interpretar a Hanna Glawari
Cuando llegó la oportunidad de participar en La viuda alegre, Paola no figuraba entre las opciones iniciales para interpretar a Hanna Glawari.
El papel había sido concebido para una soprano y no para una voz como la suya. Sin embargo, durante los ensayos, la dirección artística decidió escucharla y le propuso estudiar el personaje.
La invitación llegó acompañada de una duda inevitable.
“Pensé que era un rol que no estaba escrito para mi voz”, recuerda.
Aun así aceptó el desafío.
Durante cuatro meses trabajó el personaje mientras simultáneamente participaba en otras producciones del teatro. La preparación fue gradual y exigente, tanto desde el punto de vista vocal como interpretativo.
Al final, la experiencia terminó convirtiéndose en una prueba personal.
Más que demostrar que podía asumir un nuevo repertorio, le permitió romper una barrera mental que había construido alrededor de sí misma.
“Fue una forma de comprobar que sí podía hacerlo”, resume.

Su primer rol protagonizó, en una opereta tan importante como La viuda alegre de Lehar.
Un éxito que también duele
Mientras la preparación avanzaba en Alemania, Bolivia atravesaba semanas complejas marcadas por conflictos sociales y bloqueos.
La distancia volvió a hacerse presente.
Muchas veces intentó desconectarse de las noticias para concentrarse en los ensayos, pero la preocupación aparecía inevitablemente.
“Mi mamá me decía que todo estaba bien, pero después uno veía las noticias y sabía que las cosas no estaban bien”, cuenta.
Es entonces cuando surge una reflexión que acompaña a muchos artistas bolivianos que desarrollan su carrera en el exterior.
Paola reconoce sentirse agradecida por las oportunidades encontradas en Europa, pero también lamenta que tantos profesionales deban marcharse para encontrar espacios donde crecer.
“No soy la única. Somos muchas personas que salimos porque no existen los medios ni las plataformas para desarrollarnos en nuestros países”, sostiene.
Por eso, incluso en uno de los momentos más importantes de su carrera, sigue pensando en la posibilidad de volver.
No únicamente para visitar a su familia, sino para construir en Bolivia el mismo proyecto de vida que hoy desarrolla en Alemania.
El regreso que sigue esperando
Hace pocas semanas obtuvo la ciudadanía alemana. A sus 38 años suma ahora dos nacionalidades, aunque insiste en que su identidad sigue profundamente ligada a Bolivia.
Dentro de poco volverá a Cochabamba para reencontrarse con su madre. Será una visita breve, sin compromisos artísticos ni proyectos profesionales.
Esta vez solo quiere estar en casa.
Quiere compartir tiempo con su familia, recorrer los lugares que extraña y disfrutar de aquello que ninguna distancia ha conseguido reemplazar.
Paola señaló qué lo primero que hará al llegar, responde sin pensarlo demasiado.
Comer un Silpancho.
Quizás por eso, cuando imagina el futuro, no se ve únicamente sobre los escenarios más importantes de Europa. También se imagina regresando con nuevos proyectos, nuevas experiencias y la posibilidad de compartir todo lo aprendido.
Y si algo espera que quede de su historia, es una invitación para quienes todavía dudan en perseguir aquello que aman.
“No importa lo que piensen. Inténtalo. Hazlo. No es tarde”, dice.
Después de todo, la joven que un día dejó atrás una carrera segura para perseguir una pasión terminó descubriendo que el mayor riesgo no era fracasar, sino nunca haberlo intentado.


