Riesgo sísmico e ingeniería sísmica
Los terremotos no pueden evitarse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse. Ing. Sergio Eduardo Giunta (*) En el presente, nadie pone en duda las relaciones entre los desastres, el equilibrio del...
Los terremotos no pueden evitarse, pero sus consecuencias sí pueden
reducirse.
Ing. Sergio Eduardo Giunta (*)
En el presente, nadie pone en duda las relaciones entre los desastres, el
equilibrio del medio ambiente, el desarrollo de los países y su sostenibilidad. El
caso específico de los terremotos no solo causa pérdidas humanas, sino también
daños económicos significativos debido al deterioro de la infraestructura pública
y de las construcciones privadas, lo que impacta negativamente en el progreso
de los pueblos afectados.
En 1910, la Sociedad Sismológica de América identificó tres aspectos
fundamentales del evento sísmico: el terremoto en sí —momento, ubicación y
características—, el movimiento del terreno asociado y su efecto sobre las
construcciones. Los dos primeros aspectos representan la peligrosidad o
amenaza sísmica en una zona y periodo determinados, mientras que el tercero
se vincula a la vulnerabilidad, entendida como la susceptibilidad de las
construcciones a sufrir daños ante fenómenos desestabilizadores, ya sean de
origen natural o antropogénico. Algunos estudios amplían el concepto para
incluir no solo las obras, sino también a toda la comunidad.
El riesgo sísmico, en términos generales, se define como una medida de
las pérdidas potenciales (económicas, sociales, ambientales, etc.) que los
sismos pueden ocasionar en un periodo de tiempo determinado. Técnicamente,
el riesgo sísmico resulta de la interacción de las dos variables principales: la
amenaza y la vulnerabilidad. Es esencial distinguir entre amenaza y riesgo. En
resumen, la amenaza sísmica describe el potencial del fenómeno —como la
intensidad de sacudimiento y la frecuencia de ocurrencia— que puede dar lugar
a consecuencias adversas para la sociedad y sus obras de infraestructura. El
riesgo sísmico, por su parte, cuantifica la probabilidad de ocurrencia de esas
consecuencias adversas.
Otro concepto importante relacionado con el riesgo es el de resiliencia, que
tiene que ver con la capacidad de recuperación de los sistemas de servicios
(edificaciones, ciudades, poblaciones); es decir, su mayor o menor posibilidad
de volver a sus condiciones normales de operación después de que ocurre un
desastre.
Para minimizar estos desastres, es necesario reducir la vulnerabilidad de
nuestras sociedades. Esta vulnerabilidad, generalmente, depende de la
ocupación irracional del territorio, el crecimiento poblacional sin planificación, la
falta de infraestructura adecuada, los procesos de degradación ambiental, el
desconocimiento individual o colectivo de los fenómenos naturales, la ausencia
o incumplimiento de regulaciones técnicas y las debilidades institucionales.
En los países pobres, el impacto de los desastres es más devastador, debido
a que las pérdidas siempre son significativas para quienes tienen pocos
recursos. Además, los países desarrollados tienen mayor resiliencia en
comparación con los países más pobres, donde la recuperación y reconstrucción
son más lentas y difíciles debido a esa falta de recursos y capacidad institucional.
Las catástrofes naturales afectan gravemente las actividades económicas y el
producto interno bruto de estos países, prolongando el tiempo de recuperación.
A pesar de que los daños por desastres han aumentado durante las últimas
décadas, no es posible modificar la amenaza sísmica; sin embargo, la ingeniería
ofrece soluciones para reducir la vulnerabilidad de las construcciones y, por
ende, el riesgo sísmico. Décadas de experiencia han demostrado que los daños
por sismos pueden controlarse y reducirse a niveles aceptables mediante
medidas sistemáticas de prevención. Estas medidas deben abordarse de modo
integral y multidisciplinario, considerando no solo aspectos ingenieriles, sino
también sociales y educativos, para crear conciencia ciudadana y mejorar la
gestión de emergencias.
En particular, la seguridad estructural de las construcciones es un factor
clave para garantizar el éxito en la reducción del riesgo sísmico.
Los sismos son eventos extraordinarios que pueden ocurrir con diferentes
frecuencias a lo largo de la vida útil de una construcción. Pueden ser moderados
con mayor frecuencia, pero alcanzar intensidades muy altas a intervalos más
largos, lo que representa un cambio en los criterios de diseño estructural. Esta
situación es comparable a otros acontecimientos catastróficos, como los aludes,
los choques y las explosiones.
Diseñar una estructura para soportar acciones extraordinarias bajo las
mismas condiciones que para otras acciones —esencialmente estáticas— puede
requerir ingentes recursos que impidan la realización de otras obras también
necesarias. Este dilema de las sociedades se resuelve mediante normas
generales aceptadas que incluyen condicionamientos especiales, con
requerimientos mínimos que deben ser de cumplimiento obligatorio para todos.
Dentro de este marco general, la ingeniería sismorresistente es una
disciplina relativamente reciente que se enfoca en analizar cómo se comportan
las edificaciones, para diseñarlas y construirlas de forma que puedan responder
de manera efectiva a los efectos de un sismo. Para lograr este objetivo, se
requiere la integración de conocimientos provenientes de varias ramas, como la
ingeniería estructural, la ciencia de los materiales, la geotecnia y la sismología.
En efecto, la ingeniería de terremotos o ingeniería sísmica se define como la
integración de estos conocimientos multidisciplinarios con el propósito de
proteger tanto a la sociedad como su hábitat frente a los terremotos, reduciendo
el riesgo sísmico a niveles aceptables desde una perspectiva social y económica.
Esta disciplina surgió debido a la necesidad imperiosa de controlar los efectos
devastadores de los sismos y, a lo largo de su primer siglo de existencia, ha
experimentado un avance continuo, impulsado por las enseñanzas aprendidas
in situ tras sucesivos terremotos, la investigación analítica y práctica, y la
adopción de numerosos reglamentos.
En la actualidad, se han desarrollado soluciones efectivas para reducir el
riesgo sísmico mediante el uso de diversos materiales estructurales, sistemas
constructivos, criterios de diseño arquitectónico sismorresistente y métodos de
análisis confiables, así como dispositivos innovadores para el control de
vibraciones. No obstante, la reducción del riesgo sísmico a nivel mundial,
lamentablemente, no se ha logrado de forma uniforme a causa de factores
sociales, educativos y económicos.
(*) Artículo extractado del compendio:
“Vulnerabilidad del Hábitat – Diseño Sísmico de Edificaciones de Baja Altura”
Libro disponible en Librería ALMA MATER, calle Ingavi # 14 y Marketplace.


