Bolivia y Chile buscan fortalecer el diálogo académico y abrir nuevas oportunidades de integración económica
Universidades e intelectuales de Bolivia y Chile impulsan el diálogo bilateral para fortalecer el comercio, la cooperación regional y las relaciones históricas entre ambos países, más allá de la...
La relación entre Bolivia y Chile tiene desafíos que van más allá de la histórica demanda marítima. El comercio, la actividad fronteriza, el transporte de mercancías y las oportunidades de integración económica también forman parte de una agenda bilateral que requiere diálogo y cooperación.
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Ese fue uno de los planteamientos expuestos por Roxana Forteza, coordinadora general del Encuentro de Historiadores, Cientistas Sociales e Intelectuales de Bolivia y Chile, durante una entrevista en el programa Desayuno Informado. La iniciativa reúne a representantes de la academia de ambos países para debatir sobre su historia compartida y las posibilidades de construir una relación de mayor colaboración.
Forteza sostuvo que, pese a la ausencia de relaciones diplomáticas formales, ambos países mantienen vínculos económicos y sociales que hacen necesario fortalecer los espacios de entendimiento.
“Somos vecinos y hay que trabajar”, afirmó al referirse a la necesidad de ampliar la agenda bilateral más allá de las diferencias históricas.
El comercio entre Bolivia y Chile, más allá de la demanda marítima
Uno de los aspectos destacados por Forteza es la importancia de los puertos chilenos de Arica e Iquique para el movimiento de carga boliviana.
Durante la entrevista, señaló que la carga de Bolivia representa el 80% de la actividad mencionada en relación con ambos puertos. La cifra fue expuesta por la coordinadora como argumento sobre la relevancia de la relación comercial y logística entre los dos países.
Este vínculo evidencia que la integración económica tiene consecuencias directas para el comercio exterior boliviano. El acceso a puertos, la circulación de mercancías y las condiciones de transporte son factores importantes para las empresas que necesitan movilizar productos hacia mercados internacionales.
En ese contexto, Forteza mencionó el Acuerdo de Complementación Económica N.º 22 (ACE 22) como un instrumento que, desde su perspectiva, podría adquirir mayor importancia para Bolivia si se aprovecha de manera efectiva.
También hizo referencia a los corredores bioceánicos como parte de las oportunidades de integración regional.
La posibilidad de fortalecer estos mecanismos plantea una agenda de trabajo que incluye infraestructura, facilitación del comercio y coordinación entre los países vecinos. Sin embargo, su aprovechamiento depende de las condiciones comerciales, logísticas e institucionales que permitan convertir esas oportunidades en beneficios concretos.
La relación bilateral no se limita al tema marítimo
La controversia marítima continúa siendo uno de los asuntos más sensibles entre Bolivia y Chile. No obstante, Forteza consideró que concentrar toda la relación bilateral en esa cuestión limita la posibilidad de avanzar en otros ámbitos de interés común.
La coordinadora señaló que Chile mantiene una posición reticente a reabrir la discusión sobre el tema marítimo, después del proceso judicial internacional al que hizo referencia durante la entrevista.
Frente a ese escenario, planteó la necesidad de impulsar una agenda que incluya el comercio, la historia, las poblaciones fronterizas y la cooperación académica.
La vida en las fronteras, explicó, está marcada por el movimiento permanente de personas y mercancías. Por eso, consideró necesario reconocer la importancia de los vínculos cotidianos entre ambas sociedades, independientemente de las diferencias políticas que hayan marcado su relación.
Desde esta perspectiva, el diálogo académico puede contribuir a identificar puntos de encuentro y generar propuestas que permitan comprender mejor los intereses compartidos.
Las universidades buscan construir una nueva narrativa
El Encuentro de Historiadores, Cientistas Sociales e Intelectuales de Bolivia y Chile forma parte de un proceso de intercambio académico que, según sus organizadores, tiene más de dos décadas de trayectoria.
La edición de 2026 contempló actividades en Sucre y Santa Cruz de la Sierra, con la participación de universidades, historiadores, investigadores e intelectuales de ambos países.
En Santa Cruz, las actividades se organizaron con la participación de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA), la Universidad Tecnológica Privada de Santa Cruz (UTEPSA) y la Universidad Católica Boliviana.
El rector de UTEPSA, Rubén Darío de Abud, explicó durante la entrevista que el encuentro buscaba generar debates sobre cuestiones históricas, comerciales, políticas, territoriales, económicas y culturales.
El objetivo, señaló, era promover una narrativa más constructiva y colaborativa sobre las relaciones bilaterales, a partir del intercambio de ideas y la discusión académica.
El rector también destacó la importancia de involucrar a distintas instituciones educativas en este tipo de iniciativas, con la intención de ampliar el debate sobre el futuro de la relación entre ambos países.
El diálogo académico como herramienta de integración
Los organizadores consideran que las universidades pueden contribuir a abrir espacios de diálogo cuando los canales políticos o diplomáticos enfrentan dificultades.
La experiencia acumulada en estos encuentros ha permitido desarrollar actividades conjuntas y promover investigaciones sobre la historia y las relaciones entre Bolivia y Chile. Según Forteza, también se impulsaron cátedras compartidas y otras iniciativas académicas.
La continuidad de estos espacios busca generar nuevas perspectivas sobre una relación marcada por desacuerdos históricos, pero también por intereses económicos y sociales que se mantienen vigentes.
El desafío consiste en que las reflexiones producidas en el ámbito académico puedan alimentar discusiones más amplias y contribuir a identificar oportunidades de cooperación.
Para Bolivia, esa agenda incluye cuestiones concretas como el comercio exterior, la logística portuaria y la integración regional. Para ambos países, también supone reconocer que la relación bilateral involucra a las poblaciones fronterizas, las universidades, las empresas y otros actores de la sociedad.
La construcción de una relación más fluida requiere voluntad de diálogo y mecanismos capaces de traducir los acercamientos en acciones concretas. En ese proceso, la academia puede aportar conocimiento y espacios de discusión, mientras que el comercio y la cooperación económica ofrecen ámbitos donde existen intereses compartidos.


