Los cruceños no solo estamos enfermos del cáncer, de insuficiencia cardíaca, del páncreas, de la próstata, de apendicitis, de las fiebres, del sida, diabetes, presión arterial, también estamos enfermos de otros males, de otras pestes, de esas que no se ven, pero que penetran en el organismo y cuando lo hacen es casi imposible que salgan.
Nuestros males son la ira, la intolerancia, el enojo, el desorden y para ello no hay remedios que valgan, ni Paracetamol, Dolalgial, Diclofenaco, Enalapril, Complejo B, Tricalma, Propanolol, Buscapina, etc., etc. Ni tampoco los mejores médicos de todas las especialidades, ni clínicas modernas y con todas las comodidades, sino que para esas disfunciones son otros los remedios que se deben recetar, porque se trata de llegar al corazón, al alma y a la mente de los hombres y mujeres de esta región y del país, esas propuestas “médicas” que se pueden traducir en una buena lectura de los textos de Platón, Aristóteles, Pascal, Kant, Confucio, Spinoza, Kierkegaard, Schopenhuaer, Nietzsche, Santo Tomás de Aquino, San Agustín, de Sartre, Buda, Gandhi, Heidegger, Marx, Boecio, especialmente de este último que encontró en las ideas universales una tabla de salvación: “Las nubes de mi aflicción se disiparon y bebí de la luz. Con mis pensamientos en orden giré para examinar el rostro de mi médico. Volvió los ojos y posé mi mirada en ella, y vi que era la enfermera en cuya casa me habían cuidado desde la juventud: la filosofía”.
La intolerancia en nombre de la cruceñidad o la defensa de Santa Cruz se ha constituido en uno de esos males profundos: no aceptar las discusiones, las discrepancias, las controversias, el debate. Y ponerse la armadura de la supuesta verdad de uno y del otro no vale nada. Para ello recurren a insultos, descalificaciones, injurias y calificar al que cuestiona como traidor o ignorante. Es el sello de los intolerantes.
Hace algunos días hemos sido parte de estos niveles de intolerancia a raíz del libro “Santa Cruz SA”, que dividió en dos grandes mitades las opiniones, pero bajo la tendencia que los que defendían el modelo económico cruceño eran los portadores de la verdad y del desarrollo departamental. Incluso muchos que no leyeron una sola página del libro, le dedicaron sus largas y diatribas opiniones.
Alicia Tejada, desde su bello reducto de La Esperanza, reflexiona: “Mientras tanto algunos todavía se dedican a echar flores al modelo de desarrollo cruceño, otro espacio de recreación de quienes no han hecho más que extraer y llevarse fuera nuestros recursos”.
Además de ello en Santa Cruz impera la cultura del deshecho, de las superficialidades, del morbo, de la doble moral y del chisme. Y precisamente cuando se tratan de mujeres, como la modelo desnuda que fue la presa codiciada de un grupo de fraternos, a la cual les dedicaron días y días de comentarios, videos, memes e incluso justificando a los hombres que se abalanzaban sobre ella para besarle el clítoris. Uno de los más comentados, escritos, vistos, analizados, despertando la poderosa imaginación erótica de cristianos, ateos, mulsumanes, católicos, mormones, beatas y demás deudos bajo la mirada del comprensivo Dios. Siempre la mirada inquisidora y chismográfica. Y doble moral de la sociedad cruceña.
Y todos quedaron deslumbrados por la belleza de Tatiana Marset, recluida en Palmasola, por complicidad con el narcotráfico, pero una vez liberada ahí está otra vez la sociedad cruceña, en su mayoría, rindiéndose ante la joven que, con su sonrisa y tierna voz, los periodistas no le cuestionaron para nada, solo fueron notas sociales e incluso con selfie incluida. De yapa la mujer ya ha recibido ofertas de modelo y de ser la atracción de Expocruz. Muchos quedaron cegados por la belleza de Tatiana.
Wildey Velasco, periodista y abogado, nos dice: “A veces creo que nos merecemos lo que vivimos, creamos becerros de oro y después seguimos al Dios de la guerra, mañana que iremos a adorar. La pers0ona no tiene la culpa, la culpa la tienen los demás que crear dioses donde no los había”.
El sociólogo y profesor universitario, Renzo Abrussese, tiene esta lectura: “Tatiana Marset, arranca su carrera como modelo. Baudrillar dice que vivimos tiempos de transparencia donde la política está en el fútbol, el glamour en la política, la política en el poder. Ya nada se sujeta a coordenadas estables. Casi todo es posible”.
La activista de los derechos ambientales, Eliana Torrico, nos recuerda: “Narcotraficante y cómplice de secuestros y presuntos asesinatos, entre otros delitos de gravedad. Pero no importa “es bella”. Pobre pueblo enfermo”.
Alfonso Cabrera, analista, apunta a la administración de justicia: “La hermana de Marset liberada. Laura Rojas, liberada. El chico del oro, liberado. Cuando te empute todo esto, acordate que Camacho también liberado decía que la Justicia había cambiado. Ahora sabemos por qué”.
Todo ello con el sello amplificador y virulento que nos facilitan las redes sociales que han hecho de la vida un espectáculo, un circo, una feria de las vanidades.
“Del mismo modo que Midas convertía en oro todo cuanto tocaba, el tonto toma inservible cuanto tañe. El tonto, en consecuencia, habita en internet. Y convierte a las redes sociales en el paraíso de los tontos. No en vano el refrán nos dice que un tonto hace un ciento. Y con internet, cientos de miles”, señala el filósofo español, Jesús G. Maestro, en su libro Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI.


