Durante la homilía de este domingo, se reflexionó sobre las lecturas bíblicas referidas a la Carta de San Pablo a los romanos y el libro del profeta Ezequiel, destacando que el amor recíproco y fraterno es una norma fundamental en la comunidad eclesial. Se enfatizó que el amor no es meramente asistencialismo o limosna, sino la prolongación del amor divino vivido en la Eucaristía.
La ley de Dios como expresión del amor
A partir del pasaje paulino que señala que la única deuda debe ser el amor mutuo, se subrayó que el ser humano siempre puede amar más. En ese sentido, se explicó que quien ama al prójimo cumple plenamente la ley, ya que el amor busca siempre el bien del otro.
Asimismo, se rechazó la idea de que los preceptos divinos atenten contra la autonomía personal: «Los mandamientos no nos quitan la libertad. Por el contrario, son una guía oportuna que Él nos ofrece para que vivamos la auténtica libertad que brota del amor». Sobre esta línea, se citó al pensamiento agustiniano «ama y haz lo que quieras» y se planteó que las leyes humanas deberían inspirarse en esta concepción para orientarse al bien común, la justicia equitativa y la convivencia pacífica.
“El que ama al prójimo ya cumplió toda la ley… Si uno ama no mata, si uno ama no roba, si uno ama no engaña, si uno ama no miente”.
La corrección fraterna y la misión profética
Al abordar la lectura del profeta Ezequiel y el Evangelio, se recordó que la función del «centinela» es alertar sobre el error para buscar la conversión y salvación, un mandato que exige aplicar la corrección fraterna en privado antes de recurrir a la comunidad. Esta tarea fue definida como un acto de solidaridad y de responsabilidad que no resulta facultativo para los cristianos.
En el plano social y político, se recordó la emblemática frase de Martin Luther King: «La Iglesia no es la dueña ni la sierva del Estado, sino su conciencia». Desde esta perspectiva, se rechazaron las acusaciones de que las intervenciones eclesiales constituyan activismo político. Se evocaron las gestiones y llamados al diálogo realizados durante los 53 días de paro, así como las exhortaciones del papa León ante los conflictos bélicos en Tierra Santa y entre Rusia y Ucrania.
Finalmente, se instó a la comunidad a asumir un papel activo contra las divisiones en los hogares, lugares de trabajo y vecindarios, promoviendo la armonía y el diálogo como verdaderos forjadores de paz.


