Después del bloqueo, vuelve la programación habitual: apagar incendios y postergar reformas
Gonzalo Chávez Álvarez - Economista y analista político
El cerco a La Paz y El Alto, junto con los bloqueos intermitentes en otras regiones del país, parecen haber alcanzado un curioso éxito: la crisis económica ha desaparecido del primer plano del debate público. No porque haya sido resuelta, por supuesto, sino porque quedó cuidadosamente archivada en los subterráneos del olvido coyuntural, ese lugar donde la inflación sigue trabajando horas extras, la recesión económica mantiene su contrato indefinido y el desempleo continúa ampliando discretamente su clientela.
Mientras tanto, el equipo económico ha debido cambiar abruptamente de indumentaria profesional. La bata de cirujano, esa prenda asociada a reformas estructurales, decisiones difíciles y diagnósticos sinceros, ha sido guardada en algún armario ministerial.
En su lugar, han optado por el casco de bombero y la manguera pinchada , dedicados a correr de incendio en incendio: protestas, bloqueos, abastecimiento, demandas corporativas y urgencias políticas de corto plazo.
Comprensible: cuando la casa humea, pocos tienen ánimo para discutir planos de reconstrucción de la economía .
En algún momento la fiebre política y social disminuirá. Los bloqueos se levantarán, las carreteras volverán a respirar y los micrófonos buscarán una nueva urgencia nacional. Pero que no nos sorprenda descubrir entonces que la economía, discretamente y sin hacer mucho ruido, habrá empeorado considerablemente y que los problemas de fondo serán exactamente los mismos del preconflicto: inflación, recesión, escasez, fragilidad fiscal y ausencia de reformas estructurales. Solo que ahora el paciente llegará más debilitado a la consulta. Y como suele ocurrir después de grandes sobresaltos, pandemias, conflictos o crisis prolongadas, lo urgente volverá a derrotar a lo importante.
La agenda pública probablemente se llenará de medidas de alivio y compensación perfectamente comprensibles: reestructuración y perdonazos de deuda, amnistías tributarias, subsidios temporales, programas de empleo de emergencia, créditos blandos, flexibilización regulatoria, alivios financieros sectoriales, diferimiento de pagos, congelamiento parcial de tarifas, apoyo a cadenas de abastecimiento y paquetes extraordinarios para sectores golpeados. El equipo económico volverá a colocarse el traje de paramédico de corto plazo cuando quizás lo que se necesitaba era, otra vez, la incómoda bata del cirujano reformista.
En Bolivia, la historia económica tiene esa elegante costumbre de aplazar las operaciones estructurales porque el paciente, justo el día de la cirugía, volvió a ingresar por urgencias.


