¡Distribuir la crisis de forma equitativa…!
Hernán Cabrera M. / Lic. en Filosofía y periodista
El boliviano en medio de la diversidad cultural, étnica, religiosa, social y pluralidad política, ideológica ha enfrentado cada uno de los hechos históricos que le tocó participar en las distintas escalas ya sea como espectador, protagonista o actor central o secundario.
Así transcurre nuestras vidas todos los días, pero con el agregado que cada uno le damos un norte y la velocidad que requieren los acontecimientos, mucho más en este país que cada vez es golpeado por los propios bolivianos que han afrontado grandes transformaciones, las que nos han impulsado a salir de nuestras burbujas rutinarias para romper ciertos esquemas de lo que entendemos por sociedad y por el ejercicio de la política, ya que no estamos solos en el mundo, ni tampoco con ninguna tarea que realizar. No estamos convocados para la jarana ni para el ocio.
El devenir histórico estuvo preñado de grandes retos y transformaciones. El boliviano no se cruzó de brazos ni esperó que le llueva mana del cielo.
Desde la fundación de la república hasta los últimos bloqueos de 50 días que los enfrentó aún más y nos sumió en más crisis, hay un valor ancestral y arraigado en el ser del boliviano: no rendirse, resistir y vencer las dificultades.
El dictador Luis García Meza dijo que se quedaría 20 años en el poder y se fue al año debido a las luchas y las ansias por más democracia.
Retornamos al sistema democrático y se vino un gobierno débil y caótico que género una de la crisis económica más profundas. Salimos adelante.
Bolivia se nos muere nos gritó un presidente para poner en marcha la NPE y esa Bolivia no se murió ni se asfixió.
Llegó otro Presidente de corte indígena dice y su vice arengó que se quedarían 500 años en el poder, pero alcanzó a los 16 años y lo tuvieron que despachar, pero no se queda quieto y sigue queriendo volver al poder: por las buenas o las malas.
Tantos hechos que fuimos testigos, pero siempre el pueblo en sus sectores sociales, empresariales, vecinales, campesinos, profesionales, cívicos, emprendedores no le puso reparos a los vaivenes y medidas incluso contra la economía popular.
Salimos adelante hasta que llegamos a los bloqueos contra el Presidente y contra la democracia. Bloqueos ilegales y violentos que llevaron adelante grupos pequeños contra la voluntad de millones de bolivianos, que sufrieron en la orfandad estos embates golpistas, ya que sus autoridades convocadas a defenderlos no aparecieron: Fiscal General, Defensor del Pueblo, Gobierno y otritos.
Vivimos una democracia que se contaminó con el combustible basura, con 32 maletas de contrabando llenas de dólares, con el avance peligroso del narcotráfico y con medidas económicas contra el pueblo, como el dólar fluctuante que ha provocado que los precios de casi todos los productos alimenticios, medicamentos, bebidas, repuestos, etc vayan oscilando hacia arriba. NO hacia abajo.
Un pueblo que tiene que soportar estoicamente cómo la corrupción y los corruptos no tienen sanciones, se campean libremente e impunemente por las ciudades. Con los millones de $us robados de las arcas nacionales tienen la capacidad de callar voces, de torcer al sistema judicial, de comprar lo que quieran. Al fin y al cabo la impunidad es una cuestión de relaciones de poder, y quienes han cometido enormes casos de corrupción aún mantienen sus relaciones fuertes a nivel político, económico, corporativo, judicial.
Así va el pueblo boliviano siempre altivo y digno, pero también polarizado, enfrentado, confrontado. Eso quedó demostrado en el desfile paceño del 16 de julio, cuando los grupos Ponchos rojos fueron abucheados e insultados por los propios paceños a su paso por el atrio principal, a quienes los acusaban de ser los destructores del Estado boliviano.
Los bloqueos provocaron heridas sociales profundas, no solo en las familias directamente afectadas sino en el conglomerado social y político de las estructuras y organizaciones sindicales y políticas. Ahora el poncho rojo ya no es visto como el campesino trabajador. Es apuntado como el bloqueador violento. El citadino es odiado por el poncho rojo, a quien lo acusa de racista y discriminador. Así vamos y seguiremos estando en la Bolivia intensa, dialéctica y dinámica.
Lo más de 11 millones de bolivianos estamos convocados a demostrar que somos ciudadanos activos y con un compromiso con nuestras familias y por la Patria, superando los tantos peligros y entuertos que la democracia ha tenido que afrontar. El poder debe dar mejores señales de acompañar los esfuerzos del pueblo.
Séneca nos impulsó a la resistencia y a vencer: “El oro se prueba por el fuego y el valor de los hombres por la adversidad”.
Cada día es una prueba para el boliviano que saldrá airoso, pero desplegando grandes esfuerzos y sacrificios frente a lo cual el poder y sus aliados están en la obligación de responder bajo una premisa: gobernar para todos y darles a todos las mismas oportunidades de desarrollo, de crecimiento, de dignidad. Y distribuir de forma equitativa los efectos de la crisis económica.


