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Bolivia lleva 200 aΓ±os repitiendo el mismo error: cada vez que aparece un recurso βla plata de PotosΓ, el estaΓ±o de Oruro, el gas del Chacoβ corremos a venderlo crudo y rΓ‘pido. El dinero llega fΓ‘cil, el Estado engorda y, cuando el precio se cae, volvemos a la pobreza de siempre. Ese libreto ya no da para un capΓtulo mΓ‘s.
El extractivismo es un matrimonio tΓ³xico entre estatismo y corrupciΓ³n. Para arrancar un solo barril o una onza de metal hace falta diΓ©sel subsidiado, maquinaria extranjera, oleoductos, consultores, controles militares y mil permisos que se compran en pasillos oscuros. Si el commodity tropieza en la bolsa de Nueva York, el paΓs entero tiembla. Encima quedan los pozos secos, los rΓos contaminados y los conflictos por regalΓas que enfrentan a regiones hermanas.
En cambio, el modelo productivo agropecuario se riega con sudor y esperanza. El productor no pide un cheque del Tesoro; perfora su pozo de agua, arma su panel solar o sΓ³lo se conecta energΓ©ticamente y sΓ³lo exige caminos que no se hundan al primer aguacero. Crea empleo local, mueve ferreterΓas, frigorΓficos y universidades. Y este modelo sirve tanto en los llanos cruceΓ±os como en los valles cochabambinos o en los suelos altos de La Paz y Oruro: papa, quinua, camΓ©lidos, frutales, leche β cada quien siembra donde Dios nos bendijo.
Para muestra, apretemos un botΓ³n: el extractivismo traga miles de millones antes de producir un dΓ³lar, compra βpaz socialβ con plata ajena y deja un pasivo ambiental que nuestros nietos pagarΓ‘n; la producciΓ³n agropecuaria invierte menos y mΓ‘s rΓ‘pido, reparte el riesgo entre miles de familias, renueva el suelo cada cosecha y sus impactos se manejan con buenas prΓ‘cticas. El petrΓ³leo se acaba; la tierra, bien cuidada, vuelve a parir cada temporada.
La historia ya la conocemos: Venezuela llorΓ³ petrΓ³leo, Ecuador sangra por la YasunΓ, y la propia Bolivia se quedΓ³ mirando el chuquiago de los hidrocarburos mientras la pobreza volvΓa por la puerta trasera. En cambio, regiones que apostaron al campo βdel Midwest estadounidense al Cerrado brasileΓ±oβ transformaron granos en biotecnologΓa, y biotecnologΓa en dignidad.
Por eso afirmo, sin vueltas: el extractivismo es esa vieja cantina donde el Estado se emborracha de renta fΓ‘cil y despierta con resaca moral. El agro productivo es la chacra familiar donde cada semilla trae un maΓ±ana mejor y donde la riqueza se derrama en ferreterΓas, transportistas, frigorΓficos y universidades.
Santa Cruz entendiΓ³ la lecciΓ³n y ya avanza con fuerza; pero este no es un club privado: el occidente tambiΓ©n puede y debe sumarse β transformar masivamente su papa en chips, su quinua en barras energΓ©ticas, su fibra de alpaca en moda mundial. Se trata de que cada rincΓ³n del paΓs convierta lo que produce en valor, trabajo y dignidad.
Es sencillo: el futuro de Bolivia no se perfora, se cultiva. Dejemos de quemar el subsuelo para pasar el invierno y empecemos a sembrar surcos que alimenten a nuestros hijos. El extractivismo ya colapsΓ³; el campo, en cambio, siempre regresa con la prΓ³xima lluvia. Enterremos de una vez esa fiebre del subsuelo y sembremos libertad, producciΓ³n y futuro para toda Bolivia.
