La IA, el apocalipsis y el problema que Bolivia todavía no está viendo
Por: Tonny López, periodista
La discusión volvió a tomar fuerza después de la renuncia de Jacob Coxon, investigador que trabajó en OpenAI y Anthropic, quien advirtió sobre la carrera hacia una inteligencia artificial capaz de mejorarse a sí misma. Coxon sostiene que la industria está avanzando demasiado rápido y que los riesgos podrían adquirir dimensiones difíciles de controlar.
Pero hay algo que me interesa todavía más.
Mientras las grandes potencias tecnológicas discuten sobre una posible superinteligencia capaz de superar las capacidades humanas, Bolivia todavía tiene dificultades para incorporarse plenamente a la revolución digital que ya está ocurriendo.
Y ahí aparecen, a mi juicio, tres grandes problemas.
1. CONECTIVIDAD: La necesidad del Internet
Bolivia todavía tiene una importante brecha de conectividad. Para millones de personas, Internet continúa siendo caro, limitado o de calidad insuficiente para aprovechar plenamente las nuevas herramientas digitales y esto genera una paradoja.
Mientras en Silicon Valley se discute qué ocurrirá cuando una IA pueda ejecutar tareas de manera autónoma, en Bolivia todavía existen personas para quienes conectarse a Internet representa un costo importante.
La revolución de la inteligencia artificial no comienza solamente con tener ChatGPT, Gemini, Claude u otra herramienta, comienza teniendo conectividad suficiente para utilizarlas de manera permanente y productiva.
2. EDUCACIÓN DIGITAL: Tenemos tecnología, pero no siempre sabemos como usarla
El segundo problema es educativo.
La tecnología avanza mucho más rápido que nuestros sistemas educativos. Las universidades y centros de formación muchas veces siguen trabajando con modelos diseñados para una realidad tecnológica completamente diferente y aparece una contradicción: los estudiantes viven rodeados de tecnología, pero el sistema educativo muchas veces intenta mantener esa tecnología fuera del aula.
En muchos centros educativos incluso se restringe el uso de celulares y dispositivos electrónicos haciendo que el problema debería ser solamente si el estudiante utiliza o no un teléfono.
La pregunta debería ser, ¿Qué está haciendo con ese teléfono?
Un celular puede utilizarse para perder tres horas viendo videos sin ningún valor, puede convertirse en una biblioteca, una cámara, un laboratorio, una herramienta de investigación, una sala de edición, un asistente de programación o una puerta de entrada a la inteligencia artificial.
El problema no es únicamente tener tecnología, es tener educación para utilizarla.
Y aquí existe otro desafío mayor, nuestras mallas curriculares necesitan adaptarse mucho más rápidamente a tecnologías que cambian prácticamente cada año. No podemos formar profesionales para el mundo de ayer mientras el mercado laboral ya está entrando en el mundo de mañana.
3. CULTURA DIGITAL: Somos consumidores, todavía producimos poco
Y probablemente este sea el punto que más me preocupa.
Bolivia tiene al rededor de 8 millones de usuarios de redes sociales conectados y eso no significa necesariamente tener una sociedad digitalmente desarrollada.
Podemos pasar horas consumiendo Facebook, TikTok, YouTube, Instagram o cualquier otra plataforma sin producir prácticamente nada.
Compartimos contenidos creados por otros, repetimos tendencias, copiamos videos, reproducimos discursos, consumimos polémicas.
Y muchas veces terminamos alimentando el algoritmo con contenido que aporta muy poco.
Tenemos consumidores digitales. Necesitamos convertirlos también en productores digitales.
Porque la inteligencia artificial cambia precisamente esa ecuación.
Una persona con conocimientos básicos puede utilizar IA para investigar, escribir, diseñar, programar, crear videos, analizar datos, desarrollar una empresa o producir contenidos que antes requerían equipos completos.
Pero si utilizamos la IA únicamente para hacer memes, copiar tareas, fabricar textos superficiales o producir contenido basura más rápidamente, simplemente estaremos automatizando nuestra propia mediocridad.
Y AQUÍ VUELVO A MI HIPÓTESIS SOBRE EL “APOCALIPSIS”
No estoy convencido de que el escenario más peligroso necesariamente sea una máquina que un día despierte y decida exterminar a la humanidad.
Veo otros escenarios.
ESCENARIO 1: La IA como arma de confusión
Una inteligencia artificial extremadamente poderosa podría producir cantidades gigantescas de información falsa, manipular comunicaciones, generar videos y audios falsos, suplantar autoridades o crear situaciones capaces de confundir a gobiernos y sociedades.
En un contexto de tensión internacional, una información falsa podría generar una respuesta real.
El peligro no sería que la IA “quiera” una guerra.
El peligro sería que los humanos reaccionemos ante información generada por máquinas como si fuera verdadera.
ESCENARIO 2: La IA en manos del interesado
El segundo escenario puede ser todavía más sencillo.
No necesitamos una IA malvada. Necesita de una persona, organización, empresa o Estado con suficientes recursos y una IA extraordinariamente poderosa.
Una tecnología capaz de analizar sistemas, encontrar vulnerabilidades, automatizar operaciones, producir propaganda, desarrollar software y procesar enormes cantidades de información podría convertirse en un multiplicador de poder.
Entonces la pregunta deja de ser:
¿La IA destruirá a la humanidad?
Y pasa a ser; ¿Quién tendrá el poder de utilizarla y quién tendrá la capacidad de controlarlo?
ESCENARIO 3: El accidente
Y existe un tercer escenario.
Que nadie quiera provocar una catástrofe, que simplemente construyamos sistemas cada vez más autónomos, les demos acceso a más herramientas y recursos, y llegue un momento en que no comprendamos completamente lo que están haciendo.
No porque la máquina tenga odio, no porque tenga sentimientos, sino porque un sistema puede perseguir un objetivo de una manera que sus creadores no habían previsto.
Ese es uno de los problemas centrales de la investigación sobre alineamiento de IA.
¿Y DÓNDE QUEDA BOLIVIA?
Aquí aparece nuestra paradoja.
Mientras el mundo desarrollado discute cómo controlar una posible superinteligencia, Bolivia todavía está tratando de resolver problemas mucho más básicos de conectividad, educación digital y cultura tecnológica.
Pero precisamente por eso no podemos permitirnos mirar esta revolución desde lejos.
Porque cuando la inteligencia artificial alcance una nueva etapa, la brecha entre los países no estará determinada únicamente por quién tenga más recursos naturales, sino también estará determinada por; quién tenga mejor conectividad, quién eduque mejor a su población, quién produzca tecnología y quién sepa utilizar la inteligencia artificial.
Y ahí Bolivia tiene una decisión que tomar.
Podemos seguir siendo consumidores de tecnología creada por otros, o podemos comenzar a formar una generación capaz de crear.
Porque quizá el verdadero “apocalipsis” para países como Bolivia no sea que la inteligencia artificial destruya a la humanidad, quizá sea algo mucho más silencioso, que el mundo avance hacia una nueva revolución tecnológica y nosotros simplemente nos quedemos mirando.


