El rugido del motor de un micro de la línea 79 se mezcla con el bullicio habitual de la tarde en Santa Cruz de la Sierra. La puerta se abre y, entre los pasajeros que suben, destaca Carla Peláez, artísticamente conocida como “Lita”. No viaja como una usuaria común; lleva consigo un parlante portátil, un micrófono y una meta clara: transformar ese espacio cerrado y en movimiento en su propio escenario musical.
Table Of Content
A su lado se encuentra Miguel, su dupla fundamental en esta travesía urbana. Mientras ella se acomoda y enciende los equipos, él levanta el teléfono celular. Su rol es estratégico: graba cada presentación, coordina las agendas logísticas de las rutas y se encarga de difundir el contenido en las redes sociales. “Él me acompaña en los micros, en las agendas, él me graba, él me ha dado este apoyo en este sueño que es un poco difícil, pero cuando los sueños se lo hace juntos sí se pueden realizar”, afirma la intérprete.
La ruta de la cumbia por las calles cruceñas
El repertorio elegido para encender los pasillos del transporte público no es casual. Lita interpreta cumbia, un género musical que actúa como un conector inmediato con los ciudadanos de todas las edades que retornan a sus hogares o se dirigen a sus fuentes laborales. El impacto es instantáneo: los rostros cansados cambian por sonrisas y el ritmo empieza a dominar el ambiente.
La artista explica que la recepción del público responde a una necesidad colectiva de distracción. “Veo que la Cumbia le gusta más a la gente, por ser este un ritmo alegre, ¿no? Sabemos que suceden tantas cosas en nuestro país que escuchar un poquito de alegría ya cambia nuestro día”, relata. Sus recorridos se concentran estratégicamente durante las tardes, abarcando las rutas de los anillos de la ciudad —incluyendo los tradicionales micros “vuelteros” del segundo anillo— y líneas de gran afluencia como la 14, 11, 113, 13, 47 y 56.

El fenómeno digital y la exigencia del público
Lo que comenzó como una plataforma de exposición directa en los micros se trasladó rápidamente a las pantallas digitales gracias a la producción audiovisual de Miguel. El crecimiento de Lita en las redes ha sido vertiginoso, registrando actualmente 131.000 seguidores en TikTok y 87.000 en Facebook. Para la artista, estos indicadores reflejan un fenómeno sociocultural más profundo dentro del país. “Lo que últimamente noto es que Bolivia está abrazando mucho el talento boliviano, antes no era así “, destaca con optimismo.
Esta visibilidad ha generado que los propios pasajeros, tras escucharla y calificarla como “muy talentosa”, comiencen a exigirle un salto en su carrera. “Ya me están pidiendo una canción autoral que ese es el objetivo, ¿no? Que la gente me pida que saque mis propias composiciones”, confiesa Lita, quien revela que ya se encuentra trabajando en su primer sencillo inédito.
El camino independiente y la construcción de un imperio
Detrás del micrófono y los videos virales existe una estructura de esfuerzo diario. Lita complementa su actividad musical trabajando como profesora de canto y grabando contenido para otros proyectos emergentes. Su debut en grandes plataformas formales se dio el año pasado en la FEXPO CRUZ, un hito que posteriormente le abrió las puertas en escenarios como Casa Grande, eventos privados y su primera presentación en la ciudad de Sucre.
A pesar de contar con opciones de contratación para shows con pista o con banda en vivo (a través del contacto 700-473-38), el financiamiento para proyectos de mayor envergadura, como la producción de su primer videoclip, sigue dependiendo exclusivamente de la autogestión. “Es un poquito difícil porque sí o sí tiene que haber una inversión financiera en todo lo que se trabaja, entonces, granito a granito estamos formando nuestro imperio como se dice”, puntualizó Peláez.
Con una familia numerosa de siete hermanos y una profunda admiración por la trayectoria de figuras como Selena Quintanilla y Daniela Romo, Lita proyecta su vida con los pies en la tierra pero manteniendo intacta la ambición de su arte. Al ser consultada sobre su futuro: se ve de aquí a 20 años viviendo únicamente sustentada por la música, cuidando a sus padres en una casa propia y retribuyendo el apoyo a cada una de las personas que, desde el inicio en los pasillos de los micros, creyeron en su voz.



