En la Dirección Departamental de Bomberos de Santa Cruz las sirenas no son el único sonido que rompe la rutina. Entre cascos, mangueras y equipos de emergencia también se escuchan maullidos y ladridos que forman parte del día a día de quienes han hecho del rescate una vocación. Allí, además de prepararse para enfrentar incendios, accidentes y otras emergencias, los bomberos comparten sus jornadas con perros y gatos que un día necesitaron ser salvados y encontraron en el cuartel un hogar definitivo.
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Mientras el personal continúa con sus capacitaciones y el entrenamiento permanente, algunos de los protagonistas más queridos del lugar aparecen para recibir las primeras caricias del día. Uno de ellos es “Pichirilo”, un perro que, según cuentan los propios rescatistas, se ha convertido en el integrante más famoso de la unidad. Junto a él está “Trapo”, otro can que llegó un día y simplemente decidió quedarse.
De un rescate a convertirse en parte de la familia

La historia de Pichirilo comenzó hace tres años, cuando fue encontrado en un canal durante uno de los primeros años de servicio del bombero voluntario Zegarra. Desde entonces nunca volvió a marcharse.
“Él tiene aquí tres años, ha sido rescatado en un canal cuando era mi primer año de servicio”, recuerda Zegarra, quien admite que, aunque alguna vez pensaron en entrenarlo para tareas específicas, terminó ganándose un lugar distinto: el de compañero inseparable. “Todos lo mimamos”, resume entre sonrisas.
No siempre permanece en la unidad. A veces desaparece durante algunas horas, pero siempre regresa. De hecho, los bomberos cuentan que recientemente lo habían estado buscando hasta que apareció como si nada hubiera ocurrido. “Llegó y dijo: ya desayuné, voy a venir a hacer el servicio”, relatan con humor.
Su presencia también ha acompañado actividades institucionales y eventos públicos. Incluso participa en algunas jornadas junto a otros canes de la Policía, consolidándose como una figura conocida entre quienes visitan el cuartel.
Mostrar el lado más humano del uniforme
La popularidad de Pichirilo creció gracias a videos publicados en redes sociales, especialmente en TikTok, donde Zegarra, bombero voluntario decidió mostrar una faceta poco conocida del trabajo bomberil.
Zegarra explica que la iniciativa nació con una intención sencilla: acercar a la población a la realidad cotidiana del cuerpo de bomberos. “Quería ver la forma más humana, más personal de lo que es un bombero”, señala. Nunca imaginó que aquellas publicaciones tendrían tanta repercusión.
Lejos de las imágenes de incendios o rescates de alto riesgo, los videos muestran momentos cotidianos: alimentar a los animales, jugar con ellos o simplemente compartir el descanso después de una larga jornada. Esa cercanía terminó conectando con miles de personas.
“Toda vida cuenta”
El cariño por los animales no es un hecho aislado. Forma parte de una filosofía que acompaña el trabajo diario de la unidad.
Actualmente el cuartel alberga cuatro perros rescatados, además de varios gatos que también encontraron refugio entre los bomberos. “Como dice nuestro lema: ante todo, salva vidas. Toda vida cuenta porque forman parte de la naturaleza como un ser vivo”, explica una la Sargento Jenny.
Algunos llegaron tras operativos de rescate; otros aparecieron simplemente buscando refugio y jamás fueron rechazados. Es el caso de Trapo, cuya edad nadie conoce con certeza. “Vino y se quedó; tampoco podíamos botarlo”, comentan.
Los guardianes también cuidan a quienes los acompañan

El vínculo entre los rescatistas y los animales va mucho más allá de ofrecerles alimento.
Cada grupo de guardia se organiza para garantizar que estén alimentados, protegidos y cómodos. Si uno de los bomberos termina su turno, otro asume el cuidado de los perros y los gatos. Revisan que hayan comido, que tengan dónde descansar y que reciban atención cuando la necesitan.
“En mis días de servicio me encargo de que estén bien, de que estén abrigados y hayan comido”, explica sargento Jenny. Cuando otro equipo toma la posta, continúa exactamente con la misma responsabilidad.
Los animales incluso tienen sus propios espacios para descansar. Algunas veces ocupan colchones dentro de las instalaciones y otras simplemente eligen el rincón donde se sienten más cómodos.
Un refugio emocional después de las emergencias
Para quienes enfrentan incendios forestales, accidentes de tránsito o rescates complejos, convivir con los animales también representa una forma de aliviar la carga emocional.
Una colaboradora cercana a la unidad observa que, aunque muchas personas no lo perciban, la compañía de los perros y gatos tiene un efecto importante en quienes regresan después de intervenciones particularmente difíciles.
“Solo la presencia de estos animales a tu lado es una sanación psicológica”, afirma el Mayor Perales.
La necesidad de ese apoyo se hace aún más evidente tras temporadas de incendios o emergencias donde la pérdida de vidas humanas y silvestres deja profundas huellas en el personal. Después de cada operativo, los bomberos analizan lo ocurrido y conversan sobre las experiencias vividas como parte del proceso para afrontar el impacto emocional.
Recuerdan, por ejemplo, el caso de un perro muy anciano que lograron rescatar, pero que finalmente murió. También mencionan otros animales atropellados o afectados durante distintos incidentes. Son historias que, reconocen, también dejan cicatrices.
Una invitación para cuidar a quienes un día fueron rescatados
El compromiso de los bomberos con estos animales implica alimentación, atención veterinaria y cuidados permanentes. Por ello, los bomberos decidieron abrir las puertas a la solidaridad ciudadana.
Invitan a veterinarios, personas que puedan colaborar con alimento o cualquier vecino dispuesto a apoyar el cuidado de los perros y gatos rescatados a acercarse directamente a la unidad.
“Toda ayuda es bienvenida”, señalan, al explicar que las donaciones pueden realizarse en las instalaciones de la Dirección Departamental de Bomberos o contactándose a través de sus canales de emergencia.
Porque en esta unidad de bomberos la misión no termina cuando se apaga el fuego. También continúa en cada plato de comida servido, en cada animal rescatado que encuentra una segunda oportunidad y en cada bombero que demuestra que salvar vidas no distingue entre personas y mascotas.



