Un mes de bloqueos…el Estado no aparece y el país se desangra
Agustín Zambrana - Vicepresidente del Comité Pro Santa Cruz
Pacientes necesitan diálisis, tratamientos médicos, medicamentos y atención oportuna, pero no pueden llegar a tiempo porque las rutas están bloqueadas. Eso no salen en todos los titulares. No tienen vocería. No bloquean nada. Solo necesitan pasar. Y no pueden.
Esa es la Bolivia real después de un mes de bloqueos. Carreteras cortadas, productores viendo perderse su producción, el combustible no llega, el alimento se encarece, la familia no puede mover a un enfermo. Niños no van a la escuela. No es una estadística. Es gente. Y está sola.
Esto ya dejó de ser un conflicto sectorial. Es la demostración dolorosa de que el Estado central no está cumpliendo su deber más elemental: garantizar el orden, el libre tránsito y la convivencia dentro de la ley. Un Estado existe para proteger al ciudadano, no para mirar de lejos cómo se destruye su trabajo.
Quienes bloquean violan derechos. Eso es claro. Pero quienes tienen el deber de hacer cumplir la ley y no lo hacen también cargan con una responsabilidad. La pasividad frente al bloqueo no es neutralidad. Es abandono. Y el abandono está costando hambre, pérdidas, angustia y personas que no llegan a tiempo a atenderse.
Un Gobierno que concentra el poder, recursos y decisiones no puede pedir paciencia infinita cuando no garantiza ni un camino libre. El centralismo cobra como si lo controlara todo y responde como si no controlara nada. Esa ecuación se rompió hace rato. Este mes solo la dejó a la vista de todos.
Los departamentos/regiones/municipios que trabajan no pueden seguir de rodillas viendo cómo se parte el país. No por revancha. No contra una persona. Por defensa de Bolivia, de la Constitución y del ciudadano que solo quiere circular, producir, atenderse y vivir en paz.
Bolivia necesita orden. Necesita autoridad. Necesita que se respete el libre tránsito. Necesita, sencillamente, que el Gobierno gobierne.
Nuestro país no puede seguir secuestrado por quienes bloquean ni paralizado por quienes no se animan a hacer cumplir la ley. La paciencia social tiene un límite. Y el que trabaja, el que produce, el que se levanta cada día en este país, ya esperó demasiado.


