Milton Cortez vuelve a casa con la música que lo llevó lejos: “Este fue mi hogar durante mucho tiempo”
Milton Cortez vuelve a casa para cantar sus historias.
Hay lugares que permanecen incluso cuando la vida lleva a una persona lejos. Para Milton Cortez, Santa Cruz es uno de ellos. Llegó desde su natal Trinidad y encontró en esta ciudad un espacio para crecer como artista, antes de emprender otros caminos que lo llevaron a escenarios, películas y novelas fuera del país.
Ahora vuelve con una banda, sus canciones y una relación con el público que, durante años, se mantuvo principalmente a través de una pantalla.
Este jueves 10 de septiembre, Cortez se reencontrará con su público cruceño en Volare, ubicado en la avenida Prolongación Beni y sexto anillo, desde las 20:30. El lugar fue elegido también por una razón que el propio artista considera importante: quiere que la gente tenga libertad para moverse, cantar y bailar durante el espectáculo, lejos de la rigidez que muchas veces imponen los grandes teatros.
La presentación representa para él algo más que una fecha en una agenda. La define como un hito en su carrera y como el cumplimiento de uno de esos deseos que había guardado durante años. Después de un largo periodo sin ofrecer un concierto masivo en Santa Cruz, volverá a compartir escenario con su banda y a mirar directamente a quienes durante tanto tiempo lo siguieron desde lejos.
“Este fue mi hogar durante mucho tiempo”, recuerda al hablar de la ciudad que lo recibió después de llegar de Trinidad. Aquí, dice, evolucionó musicalmente antes de partir en busca de nuevos horizontes.
El abrazo que quedó pendiente
Hay algo que Cortez repite cuando habla de esta presentación: la necesidad de volver a tener contacto con la gente.
Durante años, sus seguidores estuvieron al otro lado de una pantalla. Lo vieron actuar, cantar y construir una trayectoria que lo llevó a otros países, mientras él también veía cómo esa relación con el público se transformaba con la distancia.
Por eso, cuando imagina el final del concierto, no piensa solamente en los aplausos. Piensa en acercarse a la gente.
“Quiero que realmente sientan que yo les he extrañado”, dice.
Cuenta que quisiera abrazar a quienes estén presentes, sean mil o los que finalmente lleguen. Ese gesto, aparentemente sencillo, representa para él la posibilidad de recuperar una cercanía que no puede producirse de la misma manera a través de una pantalla.
Pero tampoco quiere que el encuentro termine cuando se apague la música. Cortez imagina el concierto como una convivencia: canciones, historias y anécdotas compartidas con quienes estén frente al escenario.
Su propósito es que cada persona salga con la sensación de haber vivido algo real, algo que haya conseguido tocarla más allá del espectáculo.
“Quiero que se lleve de que fue un show real, donde hubo una convivencia”, explica.
Canciones que también cuentan quién es
Para Cortez, hablar de sus canciones es hablar también de sí mismo. No concibe sus composiciones como piezas separadas de su experiencia, sino como pequeñas partes de una historia personal que quedan expuestas cada vez que las interpreta.
“Cada canción mía tiene un toque personal”, afirma.
Entre ellas menciona No me morí de amor, El ruido de este amor y La catarina. Cada una nació desde una circunstancia distinta, pero todas terminaron teniendo algo de su creador.
En el caso de La catarina, recuerda que la canción surgió a partir de un personaje que necesitaba expresarse. La composición fue tomando forma desde esa necesidad narrativa hasta que ocurrió algo que el artista considera especial: el público dejó de recibirla solamente como parte de una historia y comenzó a sentirla como propia.
“La gente abrazó la canción y la hizo suya”, cuenta.
Esa es, quizá, una de las mayores recompensas para quien compone: que una experiencia personal pueda convertirse en el recuerdo de otra persona.
Por eso, en su concierto no busca únicamente interpretar canciones conocidas. También quiere contar lo que existe detrás de ellas y permitir que el público conozca al hombre que las escribió.
Una ciudad que todavía camina
A pesar de los años fuera de Bolivia, Cortez asegura que conserva muchas de las costumbres que lo conectan con Santa Cruz.
Habla de los mercados, de la comida típica y de caminar por las calles sin un destino demasiado preciso. Le gusta observar cómo se mueve la ciudad, sentir su ambiente y reconocer aquello que permanece.
Es una costumbre que también lleva consigo cuando visita La Paz. Caminar, mirar y sentir la ciudad son para él formas de acercarse a un lugar más allá de los escenarios.
Y cuando vuelve a encontrarse con antiguos vecinos o personas que conoció antes de que su carrera creciera, asegura que no siente que deba presentarse desde sus logros.
“Todas estas cosas que he conseguido, gracias a Dios, son simplemente cosas”, dice.
Las entiende como experiencias acumuladas durante el camino, no como medallas que deban llevarse encima. Y hay algo más en esa manera de mirar su trayectoria: la idea de que aquello que consiguió también puede servir para mostrar que es posible alcanzar los objetivos que uno se propone.
“Quiero que el país diga: se pueden lograr las cosas”, sostiene.
Después de Santa Cruz, el camino continúa
El concierto en Santa Cruz es apenas una parte del recorrido que Cortez proyecta para los próximos meses.
La Paz también forma parte de esta gira. Allí se presentará el sábado 12 de septiembre, acompañado por su banda, en el Real Plaza Hotel & Convention Center.
Después, el artista espera continuar hacia otras regiones. Mencionó la posibilidad de llegar a Sucre y Tarija hacia finales de octubre y expresó su deseo de visitar también Pando. Para noviembre, tiene previsto volver la mirada hacia el Beni y sus fiestas, un regreso que tendría además un significado especial por tratarse de la tierra donde nació.
Así, el viaje musical de Cortez vuelve a conectarse con sus propios comienzos. Trinidad, Santa Cruz, La Paz y otras ciudades aparecen en un recorrido que no solo busca llevar canciones, sino recuperar vínculos.
Porque para él, regresar no significa únicamente volver al lugar de donde alguna vez partió. Significa encontrarse nuevamente con las personas que estuvieron ahí antes de que llegaran los escenarios lejanos, las películas, las novelas y las pantallas.
Y esta vez quiere cantarles en persona.


