Esta semana hemos sido bombardeados por muchas noticias: El viernes pasado se anunció el llamado diéselazo, la eliminación completa de subvención al diésel; anunciado, pausado, reculado, avanzado en partes y, finalmente, ejecutado. ¿Hace feliz a la población? A muchos les asusta el peligro de inflación, en alimentos y transporte porque ese susto llevó a algunos transportistas y productores a dar el grito y anunciar “medidas”, obviando quizás que mucho de nuestro transporte urbano público es gasificado y que estar en colas de jornadas hace tanto o más daño que perder la subvención al transportista y aquel de quien transporta. ¿Era necesario? Era urgente: una medida que a fines de los 90 drenaba al año menos de medio centenar de millones de dólares ―con la economía en punto de crecimiento, como recogió sin esfuerzo alguno luego el masismo― terminó en erogar (perder) anualmente varios miles de millones que, gobiernos irresponsables, drenaban de la pobreza de muchos, miserias tan fúnebres como las franjas de su bandera partidaria; sin solucionar los subsidios ―que éste no era el único―, como tampoco se han solucionado las sinecuras ni las empresas públicas inútiles y despilfarradoras, aunque ahora se anuncia que (“ahora sí”) se empezará su «reorganización, disolución y/o liquidación» establecida en el Decreto Supremo N° 5727 “de entre gallos y medianoche” del jueves.
Ahora que el affaire Cerimedo y sus colas ha dado descanso, esperemos que la cordura social impela la de gremios y del gobierno para llevar a término el proceso de sinceración de la economía (luego incluido gasolinazo) y de sanificación de empresas “deficitarias” (eufemismo éste para inútiles hijas de corrupciones y de propaganda de éxitos falsos). Ambos ayudarán reducir los huecos crecientes del PGE, que hoy se reproducen como si fuera de un emmental.
Como no hay oportunidad que la inutilidad desperdicie, el nuevo viaje del presidente Paz despertó la picardía (que hasta entonces estaba silenciada) del inútil vicepresidente para autoproclamarse “Presidente constitucional en funciones” decorativamente y sin poder por un día (parodia quizás de aquel repetido reality show norteamericano largamente copiado luego en muchas de nuestras televisoras), arguyendo gracias al artículo 169 de la CPE al que el DS 5515 le había coartado en sus alas; aunque otro incapaz (herencia del masismo) desde la Fiscalía General lo apoyara, la jugada murió en el que debía suceder al “sucesor” cuando el presidente del Senado se negó a seguir la rima (lúcidamente entendido que todo aquello no era más que otro burlesque y ningún poder real).
Y es septiembre, que llega con el aniversario cívico de la independencia de Santa Cruz ―que lo fue, como sus otras cuatro provincias hermanas ya libres todas antes que en la Asamblea de Charcas decidieran, por propia voluntad, crear la República de Bolivia― y de la creación de Pando.
Septiembre en Santa Cruz es de orgullo, alabanzas, reconocimientos, autoidentificaciones y negocios. Esos que para algunos ―foráneos― es el único motivador cruceño pero para quienes vivimos y sentimos acá el espíritu de estas tierras, el que inunda a los nacidos acá y a los adoptados por este Oriente porque, reconstruyendo Jean-Pierre Antelo, presidente de la CAINCO en la EXPOCRUZ, el conocido refrán dijo: «El camba nace donde quiere. ¡Pero se hace aquí!», como dirían tantos cientos de miles de cochabambinos, potosinos, orureños, chuquisaqueños, benianos y pandinos, paceños y tarijeños, nikkei y menonitas, argentinos, brasileños y paraguayos, venezolanos escapados de la dictadura creadora de miseria y tantos otros, los que quieren trabajar y los que quieren invertir. Todos cambas porque Santa Cruz, el Oriente, les es su Heimat, hogar, lugar que sienten suyo tantos bolivianos y extranjeros.
En unos días de muchos discursos ―incluido el del presidente Paz en NNUU― prefiero destacar ideas del de Luisa Nayar, presidente del Concejo municipal capitalino, en la sesión de honor por la efeméride departamental cuando señaló:
«Ha llegado la hora de asumir nuestro rol de conducción no solo en lo económico, sino también en lo político: [ser] una fuerza capaz de defender la democracia, fortalecer las instituciones, impulsar la descentralización y proponer una nueva manera de hacer política. Y para hacerlo necesitamos a todos. […] En Santa Cruz está el futuro de la política nacional». Y los jóvenes como Luisa, como Mamen, como JP, como Jean-Pierre y como Paola ya lo han iniciado tomando el recambio de los liderazgos.
Me queda una mención más: Partió el jueves a la Casa del Señor Ricardo Centellas Guzmán, hombre aún joven, monseñor y amigo, Arzobispo de Sucre y Primado de Bolivia, Gran Canciller de la UCB en cuyo aniversario en Oruro falleció por un repentino paro cardiaco. Firme defensor de la justicia y de la verdad ―en palabras de la CELAM fue «un pastor que hizo del diálogo una forma de servir a Bolivia»―, con Monseñor Julio Cardenal Terrazas (fallecido en 2015), Monseñor Jesús Juárez y con Monseñor Eugenio Scarpellini (éste lamentablemente fallecido por el COVID) fueron parte de grandes prelados bolivianos (no importa donde nacieron) que marcaron la firme posición de la Iglesia Católica boliviana frente a posiciones violentas e interesadas de gobiernos y grupos de Poder. Requiesce in pace, Domine Praelate Ricarde; Descansa en Paz, Monseñor Ricardo.


