Por: Lucho Fernández de Córdova
Es alentador comprobar que nunca como ahora ha existido tanto interés por recuperar el Centro Histórico de Santa Cruz. Coincide, además, con el inicio de nuevas gestiones públicas, tanto en el Gobierno Municipal como en La gobernación, un momento en el que las decisiones que se adopten puede marcar el rumbo de la ciudad durante muchos años.
Hay propuestas, estudios e iniciativas. Lo que hace falta ahora es la decisión de convertirlas en realidad.
Vivimos un tiempo en el que la inteligencia artificial permite generar, en cuestión de minutos, imágenes espectaculares de cómo podría verse un Centro Histórico renovado. Son herramientas extraordinarias, pero ninguna imagen puede reemplazar una reflexión sobre las causas que hicieron que el Centro Histórico perdiera su vitalidad.
Antes de imaginar plazas, calles, mobiliario urbano o escenas pintorescas,conviene plantearnos una pregunta mucho más profunda:
¿Por qué la ciudad dejó de necesitar su Centro Histórico?
La respuesta a esa pregunta debería orientar cualquier propuesta de recuperación.
Durante muchos años, el centro fue el lugar donde transcurría buena parte dela vida de Santa Cruz. Allí se trabajaba, se estudiaba, se hacían trámites, se compraba y se tomaban decisiones. Con el tiempo, muchas de esas actividades trasladaron a otros sectores y el centro fue perdiendo vitalidad.
Por eso, la recuperación del Centro Histórico no dependerá solamente de restaurar edificios, construir peatonales, embellecer espacios públicos o conservar su patrimonio. Todo eso es importante, pero solo tendrá verdadero sentido si logramos que la ciudad vuelva a necesitar su Centro Histórico.
No podemos esperar que los bancos, las empresas o los comercios regresen por cariño al centro. Ellos estarán donde estén las personas. Pero sí podemos decidir dónde funcionan muchas instituciones públicas y de servicio. El gobierno Municipal, la Gobernación, Derechos Reales, el Plan Regulador, los colegios profesionales, las universidades, las entidades culturales y muchas otras instituciones reciben diariamente a miles de personas. Si una parte importante de esa actividad vuelve al Centro Histórico, la ciudad volverá anecesitarlo.
Y cuando la ciudad vuelva a necesitarlo, volverán también las personas. Donde hay personas hay movimiento; donde hay movimiento aparecen los cafés, los restaurantes, el comercio, los bancos y los servicios. No porque alguien los obligue, sino porque allí volverán a estar sus clientes.
Santa Cruz cuenta, además, con un Centro Histórico privilegiado. Su escala humana permite recorrerlo caminando. Sus galerías protegen del sol y de la lluvia, invitando a permanecer y no simplemente a pasar. Son cualidades urbanas que pocas ciudades conservan y que representan una enorme oportunidad para devolverle vida.
Naturalmente, esa recuperación exigirá resolver muchos desafíos: la movilidad,el transporte público, el estacionamiento, la seguridad, la iluminación, el cableado, el mantenimiento de los edificios, la conservación del patrimonio y la calidad del espacio público. Todo ello será indispensable y deberá avanzar en paralelo.
Pero quizá el primer paso no dependa de una gran obra, sino de una decisión.
Ha llegado el momento de que las instituciones cuya misión no es obtener un beneficio económico, sino contribuir al desarrollo y al bienestar de Santa Cruz,asuman el compromiso de regresar al Centro Histórico. Me refiero a las instituciones públicas, a los colegios profesionales, a las universidades, a las entidades culturales y a todas aquellas organizaciones que trabajan por el bien común. Su presencia devolvería al centro miles de personas cada día y enviaría un mensaje claro de confianza en su futuro.
No es una idea nueva. Hace ya algunos años propuse que el Colegio De arquitectos trasladara su sede al Centro Histórico. Hoy sigo convencido de quesería una señal poderosa y de que aún estamos a tiempo de hacerlo. No por privilegio, sino por coherencia. Si quienes pensamos, proyectamos y defendemos la ciudad no estamos dispuestos a apostar por su corazón histórico,difícilmente podremos pedirles a otros que den ese paso. Estoy convencido de que muchas instituciones seguirían ese ejemplo.
No importa tanto cuál sea la propuesta que finalmente se elija. Se podrán ejecutar proyectos, construir peatonales, restaurar edificios y monumentos,mejorar el espacio público y embellecer el Centro Histórico. Todo eso será positivo. Pero si no logramos devolverle la actividad cotidiana que alguna vez tuvo, cualquier esfuerzo correrá el riesgo de quedarse a mitad de camino. La verdadera recuperación llegará cuando el centro vuelva a ser un lugar necesario para la ciudad.
Porque los centros históricos no se recuperan por nostalgia.Se recuperan cuando vuelven a ser necesarios.
Lucho Fernández de Córdova


