Lo que vive Bolivia en los primeros seis meses de gestión de Rodrigo Paz es lo mismo de siempre: la clásica disputa del poder por parte de dos bloques. Algunas veces es una disputa feroz que se salda con violencia. Otras veces se zanja con votos, algunas con acuerdos de treguas pasajeras.
Lo hemos visto en muchos momentos de la historia. La disputa por el poder ahora tiene similitudes a la del periodo de Siles Suazo (83) y a la del periodo de Gonzalo Sánchez-Mesa (2003-2005). Cada 20 años, espacios de alta inestabilidad e ingobernabilidad (de 3 a 5 años), desorden político-social, hasta que se instala un nuevo orden político-social-económico de una duración de entre 10 a 15 años. El péndulo. O podrá decirse, una caminata en círculo para volver al mismo punto.
El conflicto de mayo no es el mismo del final del mandato de Arce, ni el de diciembre pasado, por el alza de precios de combustibles. Lo que empezó como un conflicto por las demanda de concesiones sectoriales (alza salarial: COB y maestros), rebajas de dietas parlamentarias (cabildo de Nilton Condori) y abrogación de la ley 1720 (indígenas, campesinos, interculturales) se ha transformado en un conflicto que empieza a cruzar un punto de no retorno clásico: ya no busca concesiones, busca un cambio del poder: Renuncia de Rodrigo Paz, asunción de Lara y elecciones adelantadas.
Es llamativo que ocurra a solo seis meses de gestión de un Presidente con 54% de votación. Ni siquiera a Jeanine Añez le pidieron la renuncia en su primer semestre de gobierno transitorio. Pero hay explicaciones de posibles causas.
Hay algunos actores a los que le interesa, a cada uno por su lado, que Rodrigo Paz deje el poder en el comienzo de su mandato:
1.- Evo Morales (y su entorno político): no solo se juega la supervivencia o futuro político (sigue apostando a volver a ser Presidente), sino que se juega la libertad.
2.- Luis Arce, todos los detenidos de su gobierno, y los que gozaron de sus privilegios. No tienen poder político, pero consiguieron poder económico que les da recursos para movilizar.
3.- Los grupos corporativos-sindicales, que salieron de los espacios de poder y que buscan recuperarlos.
4.- Edmand Lara. Que aspira a ser Presidente algún día, aunque lo niegue en sus recientes intervenciones.
5.- Las mafias del narcotráfico y otras. A las que les incomoda un mayor control.
Más allá de algunos acuerdos y alianzas conseguidas o los respaldos retomados por Rodrigo Paz esta semana (con el agro, empresarios y cívicos cruceños, un sector campesino, gremiales, sectores del transporte y, probablemente, el magisterio), el conflicto podría escalar por la decisión del evismo de empujar una posible ruptura del orden constitucional con el refuerzo de las movilizaciones (marcha y bloqueos). Hay señales de un reagrupamiento coordinado, pero aún no un mando totalmente unificado del Evismo-cocalero, la COB, sectores de mineros cooperativistas, interculturales, ponchos rojos, Fejuve alteña, COD de Cochabamba y algunas organizaciones de San Julián.
Sin embargo, aún no alcanzan para que el conflicto se expanda a todo el territorio nacional, lo que no implica que no ocurra más adelante, considerando que Rodrigo Paz no ha consolidado núcleos fuertes de defensa o contención en cada uno de los departamentos y municipios del país.
El malestar de varios sectores económicos y ciudadanos bloqueados con la acción intransigente y hasta delictiva de los bloqueadores (cierre del paso a ambulancias, víveres y medicamentos), no significa necesariamente un respaldo incondicional a Rodrigo Paz, sino que más bien el repudio se puede volcar también en contra del Gobierno si deja crecer las pérdidas y daños.
El Gobierno no tuvo hace unas semanas una lectura lúcida del conflicto, lo subestimó. El Gobierno sobreestimó o se confió en su propia fuerza y no dispuso oportuna y rápidamente de un equipo que lo gestione y lo desactive. Por eso tuvo que retroceder con la ley 1720 y es posible que siga cediendo si es que escala aún más, lo que lo mostrará inseguro, dubitativo y hasta débil.
Aunque el conflicto está en escalada y todavía no es del todo nacional, el margen de maniobra para Rodrigo Paz se puede ir reduciendo cada día que pase y a medida que se deteriore el humor social y la economía. El Gobierno tendría que evitar que el pedido de renuncia de Paz salga del núcleo de sectores movilizados y se extienda a otros sectores de la población y a otros departamentos que empiecen a sentir un vacío de gobierno.
La apuesta de los movilizados es al todo o nada: lograr la renuncia de Paz. La respuesta de Paz hasta ahora es dialogar con todos, pero de ninguna manera negociar su renuncia. O sea, el conflicto está trabado.
No quiere decir que seguirá trabado para siempre. O lo destraba el Gobierno, o lo destraban con sus acciones los bloqueadores y movilizados, o lo destraban unos terceros.
Por ahora no se visualiza una tregua, ni tampoco un punto de inflexión o de quiebre, pero llegará el momento de instalar uno de los dos escenarios.
Rodrigo Paz tiene dos caminos (podría haber un tercero):
1.- Ceder o compartir poder con los movilizados por la vía de una negociación política. Por esta ruta ganaría oxígeno y duración de su mandato, pero a un alto costo: ser un Presidente rehén y sin margen de maniobra para ejecutar reformas, limitándose a ser un gobernante que solo administre una transición inestable.
2.- Imponerse por la fuerza con el uso del aparato represor del Estado para allanar la vía y ejecutar así cambios estructurales. Esta opción también puede generar altos costos y no garantiza la duración de su mandato, como se vio en otros momentos de la historia (véase el caso de Goni).
Paz vive ese dilema en estas horas. La misma encrucijada la han tenido antes otros presidentes que ganaron elecciones, pero que no acumularon el músculo suficiente, que no construyeron las alianzas necesarias y que no tuvieron la templanza para ejecutar reformas imprescindibles.
Lo que sucede ahora es la clara muestra que el poder político en Bolivia no se consigue solo con triunfos electorales. La disputa política boliviana se libra en tres campos:
1.- El electoral.
2.- El de la narrativa (medios, redes, comunicación).
3.- La calle (acuerdos con los grupos de presión).
Una vez más estamos caminando en círculo para llegar al mismo lugar. Tenemos una disputa por el poder entre un bloque que intenta ejecutar un cambio, pero sin la fuerza y el poder para conseguirlo. Y otro bloque que intenta evitarlo, sin tener tampoco el poder y la fuerza para lograrlo.
Es probable que el “desempate” tome aún tiempo. Todo depende de las estrategias y las jugadas de los ajedrecistas.


