Bolivia: la patria que nunca nos abandona
Por: Mario Daniel Castellón Martínez “Bolivia es la patria que nunca nos abandona”. Esta frase retumba con fuerza en nuestra memoria histórica, evocada por Rodrigo Paz al recordar a su...
Por: Mario Daniel Castellón Martínez
“Bolivia es la patria que nunca nos abandona”. Esta frase retumba con fuerza en nuestra memoria histórica, evocada por Rodrigo Paz al recordar a su abuelo, el General Néstor Paz Galarza, héroe de la Guerra del Chaco que en su momento vislumbró el compromiso supremo con el país. Pero ante la situación que vivimos, vale la pena reflexionar: ¿es Bolivia la que no nos abandona, o son sus gobernantes quienes la han abandonado?
Hoy nuestro país se encuentra sumido, una vez más, en la incertidumbre. Las filas interminables por combustible se han vuelto parte de la rutina, los precios de la canasta básica suben incansablemente y la inestabilidad del dólar golpea directamente el bolsillo de las familias. Resulta difícil entender por qué a la clase política le cuesta tanto ser honesta con el pueblo y cumplir lo que prometió en campaña.
El reciente discurso del vicepresidente Edman Lara, este pasado 6 de agosto, solo terminó de confirmar la desconexión de una gestión que luce incoherente. Las propuestas hechas en campaña, a nueve meses del inicio de la gestión, se demuestran como irrealizables y, lejos de dar certidumbre, evidencian que cuando una de las partes actúa sin rumbo, se compromete la gobernabilidad del país entero.
Bolivia es una patria generosa que se sostiene gracias al esfuerzo diario de millones de bolivianos que nos levantamos, estudiamos y trabajamos para sacarla adelante. Sin embargo, es muy difícil avanzar si el Ejecutivo sigue atado a las viejas prácticas y a esa rosca política que nos privó del verdadero desarrollo.
En este punto, el presidente Rodrigo Paz se encuentra ante una encrucijada histórica. Debe definir si desea ser recordado como el líder que sembró la semilla de la libertad y devolvió la confianza tanto a nivel nacional como internacional, o como el mandatario que simplemente sirvió de puente para el retorno del masismo, ya sea con sus siglas originales o bajo un nuevo disfraz en 2030.
Mirar hacia el futuro no tiene por qué generar resignación, ni el deseo de abandonar la patria. Al contrario, debe ser un llamado a la acción. Aunque la resiliencia no puede ser un estado eterno, este presente nos exige dos tareas fundamentales: seguir poniendo el hombro con firmeza para salir adelante y aprender a elegir, de cara al futuro, a gobernantes preparados, honestos y a la altura del desafío, buscando siempre un mañana mejor. Para ello, necesitamos una nueva generación de jóvenes que se forme con rigor, responsabilidad y amor a nuestra patria, pero que también se nutra de la formación y la experiencia de la política constructiva.
En sus 201 años de independencia y rumbo a su tricentenario, el mejor regalo que podemos hacerle a Bolivia es nuestro compromiso de superar la división, la incapacidad y las promesas incumplidas. Pese a las tensiones regionales que a veces nos distancian, la historia ha demostrado que somos una sola nación, y que la unión sigue siendo nuestra mayor fortaleza.
Existen medidas impopulares que deben asumirse sin demora. Las reformas estructurales o se hacen bien, o no se hacen. El Gobierno tiene hoy la responsabilidad histórica de corregir el rumbo y ponerse a trabajar de verdad. Bolivia es la patria que nunca nos abandona, y nosotros, como bolivianos, no tenemos derecho a abandonarla. En su mes, ¡Viva Bolivia!


