Por: Mario Daniel Castellón Martínez
Bolivia en el mundo, pero ¿el mundo sí quiere estar en Bolivia? Esta es la pregunta fundamental que debemos hacernos al evaluar hacia dónde va el país y cuál es la percepción internacional de una nación que resulta tan fácil de bloquear. En el plano de la geopolítica regional, existe un proyecto de gran importancia para establecer un futuro corredor bioceánico. Sin embargo, no se puede consolidar una decisión definitiva sobre si Bolivia formará parte activa de esta ruta estratégica si no somos capaces de garantizar el libre tránsito. Nuestro país no puede convertirse en el territorio que perjudique el desarrollo de las otras economías de la región y al mismo tiempo se perjudique a sí mismo por la parálisis interna. No vamos a poder lograr la confianza de los demás países si primero no somos capaces de generar confianza dentro del mismo pueblo boliviano.
La realidad actual nos muestra una nación profundamente dividida tras enfrentar cincuenta y tres días de conflicto. Aunque la certidumbre parece estar volviendo paulatinamente gracias a una declaratoria de Estado de Excepción, la medida llegó de forma tardía. El verdadero temor colectivo radica en lo que sucederá después. Existe el miedo latente de que al pasar los noventa días de vigencia de esta medida excepcional pero respaldada, el país vuelva a caer de manera inmediata y siga siendo víctima del cáncer que representan los bloqueos. Bolivia no va a vivir en un Estado de Excepción eterno por lo que debe avanzar y cumplir. Hoy se necesita una profunda voluntad política y ciudadana para frenar un mal que destruye el turismo, golpea la economía, agota los recursos y provoca una preocupante ausencia de inversión. Por más que el Gobierno intente implementar políticas de incentivo económico, el país no va a poder avanzar si sigue siendo un territorio fácil de asfixiar.
Ante esta alarmante vulnerabilidad, se requiere con urgencia una Ley Antibloqueo. Esta norma es fundamental para el futuro, a pesar de que en la actualidad el Gobierno central haya firmado un acuerdo con la Central Obrera Boliviana con la consigna de no impulsar una legislación de esta naturaleza. No podemos normalizar esta situación bajo el argumento de que la cultura del bloqueo es algo ancestral. Al mirar el pasado aprendemos con total claridad que los bloqueos son sumamente dañinos. Si no asimilamos esa lección, continuaremos estancados en el mismo punto de siempre. La certidumbre interna se construye demostrando transparencia y firmeza en la gestión pública, un objetivo que solo se alcanzará plenamente cuando se cumplan las promesas de campaña a las que el actual mandatario se comprometió ante el electorado.
La confianza ciudadana también pasa por la aplicación efectiva y equitativa de la justicia. La población observa con preocupación que sigue sin ejecutarse el mandamiento de aprehensión emitido en contra de un cierto personaje nefasto de la política, a pesar de la gravedad de los cargos que pesan en su contra. Frente a los constantes cuestionamientos, la respuesta habitual del Presidente Paz asegura que la detención se ejecutará pronto y que la cárcel espera por él. Sin embargo, la sabiduría popular nos recuerda que perro que ladra no muerde. Es momento de pasar de las advertencias verbales a los hechos concretos. Con el fin de demostrar verdadera seriedad, el Gobierno tiene la obligación de esclarecer ante la opinión pública los casos de las denominadas narcomaderas, las toneladas de cocaína incautadas en Brasil y Chile provenientes de Bolivia, y las treinta y dos maletas detectadas con cargamentos ilícitos. Estos hechos dañan profundamente la reputación del país y exigen respuestas contundentes.
Para romper este ciclo destructivo, el Estado debe entender que la recuperación no se limita a resolver la crisis puertas adentro, sino que exige replantear tanto la política interna como la externa. En el ámbito doméstico es obligatorio hacer justicia, aplicar incentivos reales, trabajar de forma transparente y ejecutar plenamente promesas esenciales como el modelo del 50/50 para devolver la certidumbre a la economía, ya que la libertad es fundamental para el desarrollo. Pero todo este esfuerzo interno quedará anulado si en el plano internacional no se actúa con la misma firmeza. Es crucial recuperar la diplomacia institucional y nombrar a profesionales idóneos en el exterior en lugar de mantener a funcionarios del Movimiento al Socialismo que representan el pasado. El país arrastra una preocupante orfandad internacional donde las embajadas están vacías y no se puede depender únicamente de encargados de negocios, especialmente cuando miles de bolivianos que viven en el extranjero requieren de una representación digna y activa.
Si este Gobierno pretendía representar una opción de frescura y novedad, debe reflejar ese cambio con una nueva forma de conducir el Estado. En la actualidad, Bolivia es una nación sitiada por dos fuerzas asfixiantes que impiden su desarrollo. Por un lado se encuentra acorralada por sectores recalcitrantes que se niegan a dejar avanzar al país y por el otro sufre la inacción de un Gobierno estancado que no logra aplicar las leyes ni hacer respetar el orden establecido. La diversificación de los lazos comerciales con el mundo y la prosperidad económica solo serán viables cuando la administración pública sea asumida por hombres y mujeres capacitados, con principios intachables y valores sólidos. La reconstrucción nacional exige valentía para frenar la impunidad, romper el cerco de la intransigencia y trazar una ruta firme porque es momento de avanzar decididamente hacia adelante y recuperar el futuro.


