Un momento de nervios sobre el escenario terminó convertido en una ola de memes, insultos y ataques que aún continúa en redes sociales. Para la fraternidad Caporales Ferrari, el episodio protagonizado por su representante, Dulce María V. de 22 años y estudiante de Derecho, dejó de ser un hecho anecdótico desde el momento en que el video comenzó a difundirse sin contexto y dio paso a comentarios ofensivos, expresiones racistas y publicaciones que privilegiaron el impacto viral por encima de las consecuencias para la joven.
El presidente de la fraternidad, Felipe Vargas, explicó que la participante enfrentaba por primera vez un evento de esa magnitud y que el bloqueo ocurrido durante la ronda de preguntas fue producto de la presión del momento. Recordó que, además del nerviosismo propio de subir a un escenario, durante la gala también se registraron fallas en el equipo de sonido y los micrófonos, factores que incrementaron la dificultad para responder.
“Simplemente se vio traicionada por los nervios ante las luces, la cámara y los fallos del sonido. Se bloqueó con toda la presión que había”, afirmó el fraterno.
Vargas rechazó que se haya intentado presentar el episodio como una muestra de desprecio hacia Santa Cruz o como una confrontación entre oriente y occidente. Aclaró que Dulce María nació en Mineros, es cruceña y participa en una fraternidad de caporales por su afinidad con el folclore boliviano, no por una identificación regional.
El presidente de la fraternidad lamentó que, a partir de un video de pocos segundos, numerosas publicaciones derivaran en mensajes que enfrentaban a “collas” y “cambas”, pese a que —afirmó— el certamen nunca tuvo ese trasfondo. “Ella es amante de este pueblo y también del folclore. No existe ninguna posibilidad de que haya algún prejuicio de ella contra su propia gente”, sostuvo.
Más allá del certamen, Vargas considera que el caso refleja una práctica cada vez más frecuente en redes sociales: convertir el error de una persona en un espectáculo público.
Según explicó, la fraternidad optó por resguardar a la joven y evitar que continuara expuesta mientras intentaban contener el impacto emocional que le provocó la viralización.
“Intentamos protegerla de algunos medios de comunicación amarillistas que solo hicieron escarnio de eso y sacaron provecho haciendo una noticia exagerada y fuera de contexto”, señaló Vargas.
Aseguró que la candidata quedó profundamente afectada, no solo por los insultos recibidos, sino también porque sentía que había perjudicado a la fraternidad que representaba.
“Estaba muy apenada. Pensaba también en el daño que podía causar a la fraternidad. Como cualquier mujer joven quedó muy afectada por el acoso y por comentarios tan agresivos de personas que opinaban sin ningún contexto”, relató.
Para Vargas, el problema no radica únicamente en quienes escriben los mensajes ofensivos, sino en todo el ecosistema que termina amplificando ese contenido. Cuestionó que detrás de muchas publicaciones existan cuentas falsas creadas únicamente para viralizar burlas y señaló que algunas páginas, empresas e incluso periodistas aprovecharon la situación para obtener mayor alcance.
“Hay demasiada gente que, escudada detrás de una cuenta falsa o de un teléfono, escribe cualquier cosa sin importar el daño que puede causar. Encima de ello se prestan algunos periodistas o pseudoperiodistas, e incluso empresas que aprovechan el momento para hacer negocio”.
Añadió que este comportamiento ya forma parte de una cultura digital en la que cualquier equivocación puede convertirse rápidamente en un contenido rentable.
“Hay gente que no tiene ningún principio y aprovecha cualquier falta o cualquier falla para conseguir un par de seguidores más, sin importar el daño que pueda causar. Cualquier persona que haya visto el video completo se dará cuenta de que la muchacha estaba sumamente nerviosa”, afirmó.
El presidente de la fraternidad también lamentó que las redes sociales estén debilitando valores como la empatía y favorezcan reacciones colectivas impulsivas.
Recordó que, cuando una persona es señalada en internet, muchas otras se suman a las críticas sin detenerse a analizar el contexto ni las consecuencias. Incluso comparó esa conducta con episodios recientes de violencia ocurridos en el país, donde acusaciones difundidas sin verificación terminaron desencadenando hechos irreparables.
Vargas también rechazó los comentarios que descalificaban a quienes practican danzas del occidente. Explicó que la fraternidad está integrada por profesionales de distintas áreas —entre ellos abogados, médicos, ingenieros y contadores— que participan por convicción cultural y religiosa.
“No bailamos porque nos interese el occidente o el oriente. Bailamos porque nos gusta el folclore de nuestro país. Hacemos cultura, hacemos folclore y encontramos un espacio para formar comunidad, hacer amistad y fortalecer nuestra fe”, expresó.
El caso coincide con las alertas del Reporte 2025 del Centro SOS Digital de Fundación InternetBolivia, que identifica al acoso digital como una de las principales formas de violencia en línea. Entre junio y diciembre de 2024, la organización atendió 341 solicitudes de ayuda, de las cuales 259 correspondieron a casos de violencia digital. El informe señala que el acoso representa el 16% de los casos registrados y que los comentarios y mensajes ofensivos sistemáticos constituyen la manifestación más frecuente dentro de esa categoría, con el 27%, advirtiendo que este tipo de agresiones suele tener efectos duraderos sobre la salud emocional de las víctimas.
Organismos internacionales como la UNESCO y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) también recomiendan a los medios evitar la difusión de contenido descontextualizado que exponga o humille a personas para generar interacción, al advertir que estas prácticas pueden amplificar la violencia digital y la revictimización.
A la polémica se sumó la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Santa Cruz, que pidió no perder de vista la dignidad de las personas detrás de los contenidos virales. En un pronunciamiento titulado “La hospitalidad también es empatía”, sostuvo que lo más preocupante del episodio no fueron las respuestas de las concursantes, sino la ola de burlas, memes e insultos que recibieron posteriormente. La institución recordó que “todos podemos cometer errores, especialmente bajo presión”, y afirmó que la crítica nunca debe transformarse en humillación o violencia digital. “Eduquemos antes que ridiculizar. Enseñemos antes que insultar”, exhortó, al advertir que un error de segundos no define la inteligencia, el esfuerzo ni el valor de una persona.


